Hijo de inmigrantes, traía de Europa los genes de la necesidad, y se olvidaba de todo cuando tocaba la pelota. Jugaba en el barrio, lleno tierra y sin cancha marcada; desafiaba las leyes de la gravedad con su juego, con sus movimientos elegantes y habilidosos. Sin quedar muy claro porqué fue apodado el Trinche, su leyenda va a quedar escrita en la iconografía de la ciudad.
No era amigo de los entrenamientos. Tampoco le gustaba levantarse temprano o concentrarse previo a los partidos. Tenía problemas con la bebida y se podía encontrar fácilmente en los bares nocturnos. No le interesaba los entrenamientos, con su juego compensaba cualquier falencia de disciplina.
“Tuvo su estilo: era un volante central elegante, virtuoso y algo displicente. De ritmo lento, pero de razonamiento inversamente proporcional a su andar. Carlovich es algo así como el máximo exponente del arco lírico del fútbol argentino”
No hay tantas fotos de él, o por lo menos no tantas como hoy se pueden encontrar de un jugador de fútbol. A nadie le importaba cuál sea la camiseta, su juego no conocía de hinchadas. Todos los fanáticos de la redonda iban a verlo para poder ser testigos, sin poder creer lo que sus ojos les mostraban. Su fama recorrió todo el país y los más afortunados podrán dar testimonio de esa demostración, de la que quedan pocas grabaciones.
Diferentes anécdotas rodeaban lo increíble. Desde aquella vez que el árbitro lo echó, pero luego pidió que vuelva por los gritos de la tribuna; los permisos exclusivos que se le daban para juegue; hasta aquel relato del famoso partido donde una Selección rosarina bailó a la argentina en la previa del Mundial 74. También se dice que el propio Pelé impidió que vaya a jugar a su equipo, el Cosmos, ya que no quería competencia.

Se habló de transferencias a Estados Unidos y Francia, aunque su casa siempre fue Rosario. Ni bien tuvo un pase a jugar a Mendoza, se volvió a la ciudad con el mismo auto que le había regalado la dirigencia Ni siquiera quiso ser parte de la lista de Luis Menotti para ser candidato al mundial. Él evitó compromisos y presiones. Siempre disfrutó del fútbol, y no tanto le importó el cómo.
Con los cambios que fue viviendo el juego y su evolución, el Trinche fue quedando cada vez con menos lugar en el deporte. Tomaba importancia el entrenamiento físico, y esto hizo que la leyenda rosarina se sienta alejada del profesionalismo, lo que obligó a su retiro en 1976.
Un 8 de mayo el destino quiso que abandonará nuestro mundo, de una forma injusta y que generó impotencia. Despedimos a una de los máximos mitos de la redonda, y de los que mejor supo tratarla.