Entre los datos arrojados, el 97% de los jóvenes confiesa usar Whatsapp a diario, siendo la RS más popular, y con una media de casi dos horas de uso. En segundo lugar viene Facebook, con un 73% de público, seguido con poca diferencia (70%) por Instagram. Por su parte, YouTube es una de las apps más utilizadas, con una media de una hora y 34 minutos, sólo superada por el servicio de mensajería.
En este sentido, se indica que el tiempo libre de la persona, en promedio, es utilizado para chatear y enviar mensajes (65%), ver videos y escuchar música (57%). Es ahí donde parte una de las alarmas que indica el estudio español, ya que presupone que este uso de las redes sociales, con el estar siempre conectado y estar pendiente de lo que hacen otras personas, está deteriorando la salud física y mental de los usuarios.
Siguiendo a lo expresado por IAB, son 4 los síntomas marcados por el mal uso de las nuevas tecnologías:
- Mal descanso:
No es sorpresa para los que se van a dormir ojeando el celular, tablet o computadora, y también es lo primero que hacen al despertar. La calidad y la duración del sueño son síntomas de la luz azul de ondas de los dispositivos móviles, que reducen la etapa REM del sueño, además de aumentar el tiempo de insomnio, y otros trastornos del sueño.
- Miedo a perderse alguna novedad
FOMO es el síndrome que se llama a la necesidad de estar siempre al tanto de todo lo que pasa. “Fear of missing out” es cuando el usuario siente la imperiosa necesidad de estar siempre online, así como la necesidad de no perderse ningún detalle de lo que le pasa a otras personas en redes sociales.
- Deseo constante de caer bien y ser reconocido
El hecho de estar siempre pendiente de las notificaciones, de cuántos “me gusta” y comentarios tiene cada publicación es parte de este malestar. Sentirse dolido por la baja aceptación y repercusión, o sentirse más en el mundo virtual que en el real, es el malestar producido
- Estar “desconectado” en la vida real
El hecho de no poder entablar conversaciones con los que están del mismo lado, y sólo hablar con los que están en la pantalla es una muestra de este síntoma. No sólo produce desconexión con los seres cercanos, sino que evita vivir momentos por estar pendiente de poder postearlo.
¿Cómo se empieza a cambiar?
El primer paso es el más complicado, y siempre es el de reconocer la adicción que uno tiene hacia las redes. Se comienza dejándolas solo para razones concretas (en caso de no trabajar con estas), o dejándolas de usar en momentos especiales, como vacaciones o días de descanso. Si se toma la decisión de reducir el acceso a redes, los especialistas recomiendan estos consejos para ser constantes:
1 Horas sin tocarlas
Elegir momentos determinados del día para desconectarse por completo de las redes sociales, por ejemplo, antes de irse a dormir o durante los horarios de trabajo, y concentrarse en lo importante.
2 Limitar el tiempo diario
A modo de “pausas”, se recomienda elegir momentos en especifico donde se puede chequear las ultimas novedades. Se recomienda ser realista y gradual en cuanto a los bloques elegidos. Aplicaciones como StayFocus, ayudan a contar y reducir el tiempo de conexión a redes.
3 Reemplazarlas con otras actividades
En estos casos, lo ideal es reemplazar un pasatiempo por otro, y aprovechar ese tiempo. Con actividades de nuestro agrado como hacer deporte, aprender un idioma, ir al cine, salir con amigos, ponerse al día en persona, etc. Mantenerse ocupado es la mejor forma de no pensar en las redes, y será una buena forma de usar el tiempo.
4 Desactivar las notificaciones
Es ahí una de las grandes dificultades para dejar las redes. El simple hecho de escuchar el teléfono sonar puede hacer caer en la tentación. Por eso, es recomendable silenciar el dispositivo, o bien desactivar las aplicaciones que suelen hacen perder tiempo.