Nacido en Salta un 8 de febrero de 1785, estudió en Buenos Aires para a los catorce años empezar su carrera militar y participar en la defensa de la ciudad portuaria durante las invasiones inglesas. En este primer episodio ya se vería su coraje, al capturar un barco por una fuerza de caballería, tras atacar a “Justine”, liderando un grupo de jinetes.
Tras la Revolución de Mayo, comenzó su destino en el ejército patriota del Alto Perú, formando parte de las tropas victoriosas en Suipacha. Esa batalla fue justamente la primera de la lucha por la independencia, valiosa en varios sentidos, pero sobre todo por echar a los españoles en lo que se conocería como Éxodo Jujeño.
En 1815 Güemes regresa a su Salta natal, donde organiza al pueblo y militariza a toda la provincia, siendo elegido como gobernador. El método de guerra gaucha nunca cayó bien en Buenos Aires, y tras años de conflictos, se llegó al acuerdo para que él sea quien brinde el auxilio a las tropas enviadas desde el centro, hacia el norte del país. Su carisma y coraje fueron aplaudidos por los referentes nacionales, llegando a entablar relaciones de confianza con José de San Martín y Manuel Belgrano.
Fueron esto vínculos los que permitieron diferentes triunfos de las fuerzas patrióticas, pero a su vez, las decisiones políticas que se tomaban en el territorio sudamericano creaban un nuevo panorama, con una prolongada guerra civil. En este marco, se produjo una nueva invasión española, donde Güemes fue el Jefe de Ejército de Observación sobre el Perú, por pedido explícito de San Martín.
El año de 1821 significó el momento de la traición del prócer, ya que contaba con enemigos dentro del propio país, entre ellos lo adinerados del norte. Fue justamente el gobernador de Tucumán Bernabé Aráoz, junto con los terratenientes salteños, quienes se venderían para derrotarlo el 3 de abril. En este sentido, fueron las divisiones internas fueron las que debilitaron el poder de Güemes y facilitaron la penetración española en territorio norteño. Desafortunadamente, los mismos sectores poderosos de Salta fueron los que no dudaron en ofrecer su colaboración al enemigo para eliminarlo.
Su día final llegaría el 17 de junio, cuando escuchara unos disparos en la casa de su hermana Magdalena “Machaca”. Al intentar escapar a caballo, Güemes recibiría un balazo en la espalda en plena huida. Llegó gravemente herido a su campamento de Chamical, donde reunió a sus hombres, transfirió el mando y dio sus últimas indicaciones.
El pueblo salteño concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical y el 22 de julio le brindó el mejor homenaje al jefe de la guerra gaucha: liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, los gauchos de Güemes derrotaron a las tropas enemigas, lideradas por “Barbarucho” Valdés, y expulsaron para siempre a los españoles de Salta.
De esta manera, nos permitieron recordar a un patriota único, que siempre encontró la fortaleza de sus tropas y supo cómo ser un líder para ellas. Además de líder nato, tenía un coraje digno de su profundo amor por su tierra. Siempre le sobraron motivaciones para defender lo que creía justo, y fue su capacidad de entrega la que hizo ganar 9 invasiones españolas. Hoy, es indispensable cuando hablamos de nuestra historia nacional, y merece ser reconocido por todo lo que logró por el pueblo argentino.