Entre Pellegrini y 27 de febrero se alza un espacio pleno de movimiento. Es un cuadrado casi perfecto en el que conviven comercios, clubes, instituciones, áreas verdes y hasta los tribunales provinciales. Así es el Barrio Del Abasto, un sitio donde se puede resumir todas las actividades.
Un fuerte contraste se enfrenta en un barrio con bullicios y constante tráfico, con silencio y sosiego. Fachadas antiguas ayudan a recordar sus orígenes, que remontan a una zona residencial, que tenía como mayor atracción el Mercado del Abasto, donde los vecinos iban a comprar sus frutas y hortalizas. Claro, no existían las verdulerías modernas, y la única forma de adquirir estos alimentos era mediante estos centros de cambios.
Al igual que el homónimo de Buenos Aires, el mercado era el responsable de abastecer a la ciudad, y era una oportunidad para los dueños de tierras de comerciar sus productos. Su apertura al público fue en 1918, en el predio que une las calles Pasco, Ituzaingo, Sarmiento y Mitre. Su horario era de 5 a 10, y de 14 a 18, siempre colmado de gente. Un capitulo amargo se remonta a la explosión de la cámara de gas que se usaba para madurar las bananas, quemando la cara de varios de los trabajadores.

Vendedor de bananas del mercado del Abasto
Con el correr de los años y la nueva geografía urbana, la ubicación no le era útil, y fue vaciándose de a poco en los 60. Ya en 1969 se trasladó finalmente a un predio del mercado de frutos, en 27 de febrero y San Nicolás. Para la década del 70 quedó un espacio olvidado con un edificio inhabilitado y luego demolido. Los montículos de tierra fueron utilizados por los vecinos para su entretenimiento, que incluyó carreras de motos, entre otras competencias.
En los años siguientes la historia cambiaría en toda la ciudad. Los nuevos gobiernos municipales tenían la iniciativa de remodelar espacios públicos y de convivencia entre los vecinos. En este sentido, el Abasto no fue excepción y en ese mismo cuadrado que supo dar vida al mercado, se levantaría la Plaza Libertad, uno de las primeras plazas secas de la ciudad. Así, se preservó el verde, juegos infantiles, un bar e iluminación. Más adelante sufriría cambios, hasta llegar a ser el símbolo que es en el día de hoy.

Por su parte, fue recién en 2004, que el barrio sería reconocido con su nombre actual. Previamente era denominado como Barrio de la Séptima, por encontrarse la jurisdicción policial. En este sentido, la Asociación Vecinal "Solidaridad Social" reunió a los vecinos que sintieron la falencia de tener un nombre que los identifique como barrio, juntaron firmas para presentar al Consejo Municipal la propuesta de que la zona sea reconocida como “Del Abasto". Rápidamente historiadores se sumaron a esta iniciativa, junto con clubes y organizaciones deportivas y culturales. En cuanto a los límites, se determinó a las 2 avenidas (Pellegrini y 27 de febrero), el Parque Independencia (Moreno) y la calle San Martín como marcas.
Si hablamos de lugares icónicos, los más nostálgicos recordarán fácilmente al Café Saigo, los cines Sol de Mayo y Esmeralda, la Pizzería Bondino, y el Rosario Boxing Club. Entre las instituciones vigentes se destacan el Colegio Normal 3, Inmaculado Corazón de María Nuestra Señora del Carmen, Basílica San José y la Biblioteca Popular Solidaridad Social. Del lado deportivo, son emblemas del barrio los clubes Ben Hur, El Eslabón y Atlético El Abasto.
Otro símbolo del barrio había sido el Cementerio de los Disidentes, espacio que había sido el elegido por la mayoría de las familias para que puedan descansar sus seres queridos. Desafortunadamente, enfermedades de la época, como el tifus, cólera y las pestes; se cobraron miles de vidas, dejando sin espacio al cementerio. Fruto de esto, en 1886 se muda a su actual locación en Pasco y Avellaneda.

Cementerio Los Disidentes en su actual ubicación
Tocando los relatos escalofriantes, tenemos que mencionar una de las narrativas más insólitas que se ha vivido la ciudad, y que pasó en el centro del barrio. El protagonista era el botánico japonés Kaysusaburo Miyamoto, quien en 1968 embalsamó a su mujer con un increíble método. En el proceso, logró frenar la descomposición de la esposa, que había fallecido por derrame cerebral. Según la policía que descubrió el cuerpo en la casa de Riobamba 1058, la técnica utilizada fue totalmente innovadora para esos años, llegando a frenar cualquier deterioro y olor que pudiera sufrir con el tiempo. Además, se descubrió que el botánico había experimentado previamente con cuerpos de animales, que también se encontraban en la casa. Con el tiempo este relato llegó a expandirse por el mundo, y la leyenda de Carmelina Colombo se hizo famosa, terminando su cuerpo en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR.
Ya que mencionamos actores de este barrio, no puede quedar afuera un símbolo para todos los vecinos. Jorgito “el Potro” fue un referente en solidaridad, creatividad y llegó a ser distinguido por el Consejo. Su kiosco, almacén y carnicería ha sido el centro para colectas de tapitas, de abrigos y bienes para los más desfavorecidos. A la par, el comerciante ilustraba sus carteles con humor y sabiduría, hasta alertando a los conductores de la proximidad de zorros, para que se eviten un par de multas.

Autoservicio Jorgito El Potro. Entre Ríos y Cochabamba
No puede faltar la mención al historiador barrial, Enzo Burgos, quien participó en aquel pedido del 2004, para luego bautizar a su zona como "Cuadrado Mágico". Tal es su amor por el barrio, que escribió un libro con este nombre de fantasía, que fue publicado en 2008 por la Secretaría de Cultura y Eduación de la Municipalidad.
Hoy se suma a sus grandes atractivos el mayor paseo gastronómico de la ciudad. Pellegrini se vuelve una invitación para todos los rosarinos y turistas para que disfruten de grandes tardes y noches, a la par que es siempre una oportunidad para salir a caminar y andar en bicicleta. Así, permite una gran variedad de platos y bebidas, entre las que se destaca, por excelencia, el Carlito.
Así, podemos dar cuenta de que este “Cuadrado Mágico” de nueve por diez cuadras atesora la magia de historias de artistas, fiestas populares y el amor de sus habitantes, tal como lo definieron los historiadores. Y es que pocas zonas de la ciudad tienen la suerte del Abasto, que reúne zonas llenas de movimientos, para ir alejándose y dejar mayor tranquilidad, con su carácter residencial. En otras palabras, reúne la magia que une a los vecinos para que se encuentren con el barrio que eligieron para vivir.
Podés escuchar el programa de Historias del Abasto en este link.
