El mal trago de Pichincha 

El mal trago de Pichincha 

La pandemia llegó para cambiar rotundamente la manera en la que compramos y vivimos, al menos mientras siga presente en nuestras vidas. A la recesión económica, que cumplirá sin dudas su tercer año consecutivo, se le agrega una pandemia que obliga necesariamente a repensar el mercado gastronómico.

Capacidad reducida, protocolos de atención y datos, eventos suspendidos y reuniones acotadas delinean el nuevo ambiente del barrio Pichincha. Y si bien se ven algunos amontonamientos y capacidades colmadas, la gastronomía sigue muy lejos de volver a la anterior normalidad.

Según el INDEC, el sector de hotelería y restaurantes mostró una caída del 10,22% en el primer trimestre de este año, comparándolo con el mismo período en el año 2019. Si consideramos que el primer trimestre de este año incluye escasos 10 días de aislamiento, cuando se publiquen los datos tendremos que esperar una caída rotunda para el segundo trimestre del año, dominado por el aislamiento total. Por lo pronto, el Centro de Información Económica de la Municipalidad de Rosario informó una caída de la facturación del sector de casi un 82% en el mes de abril y de un 76% en el mes de mayo, si los comparamos con la facturación del año pasado.

Para peor, muchos sectores relacionados con la gastronomía hoy siguen con su actividad inhabilitada. Realmente no sabemos cuándo vamos a volver a tomar una cerveza después de un partido o salir a cenar cuando vayamos al cine.

El cierre de Johnny Be Good no es sino un símbolo de la profunda crisis del sector gastrónomico. El Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción, conocido como ATP, es un fuerte pero insuficiente paliativo en la perspectiva de negocios gastronómicos. El necesario Quedate en casa juega en contra en uno de los sectores de la economía que más requieren de la circulación de las personas.

Mientras tanto, los empresarios del sector esperan señales para poder sostener su actividad. Esta tendencia genera mucha preocupación. No caben dudas que apenas pasada la pandemía, se buscará salir y volver lentamente a la normalidad. Pero para ello, necesitamos que nuestros bares y restaurantes sigan abiertos.

Por Guido D’Angelo