Sastrería Caliotti, la esquina del buen vestir

Sastrería Caliotti, la esquina del buen vestir

 Como hace 78 años, Pellegrini y Maipú siente la pasión por el oficio artesanal de confeccionar prendas a la perfección. Lo que construyó Salvador fue mucho más que un legado, y hoy su hijo y su nieto se encargan de llevar adelante ese apellido, que es sinónimo de elegancia.

Para comprender cómo surgió esta vocación familiar, primero hay que remontarse al contexto en el que creció Salvador Caliotti. Eran fines de la década del 20, años donde la norma era vestir de traje las 24 horas. En este sentido, el joven sastre trabajaba en una pequeña habitación de conventillo, confeccionando prendas para otras sastrerías de la ciudad, entre ellas Angelini, que era la más famosa de Rosario.

“Vos no salías sin traje. Ir al banco, al médico, a un velatorio. Incluso en el turismo carretera se corría con un mameluco arriba de la camisa y corbata” era el comentario de Alberto, hijo de Salvador y con quien compartieron más de 40 años de trabajo codo a codo. Según marca, era tanto el trabajo de su padre, que se vio obligado a buscar ayudante, y apareció Celia: una mujer de gran capacidad, y que terminaría siendo su esposa y compañera. “Fue una titán, una mujer con un empuje tremendo, que se destacaba en cualquier cosa que hacía”, resalta Tito, como lo conocen todos sus afectos.

Salvador junto a su esposa Celia
 

 El local finalmente se levantaría un 5 de abril de 1942 en aquella esquina de Pellegrini y Maipú. En el 47 adoptaría su actual fisonomía, a la par que abriría dos sucursales en Buenos Aires (Abasto y San Telmo), uno en Santa Fe y otro en Mar del Plata. Con el tiempo, la comunicación no sería fácil de mantener y Salvador optaría por mantener sólo su querida casa central.

 Si bien era mucha la competencia, Caliotti se distinguía del resto de las sastrerías por tener el único sastre que reformaba trajes de cruzado a derecho. Así, fueron pasando miles de rosarinos, al igual que viajaban de todo el país para ser atendidos por Salvador.

Su pasión por la excelencia también se vio reflejada en la televisión, en aquella famosa participación en La Campana de Cristal, programa de 1964 donde él confeccionó un traje en una hora, junto con un equipo de colaboradores. El modelo fue el famoso jockey Ángel Baratucci y llegando a un modelo a medida en menos de sesenta minutos. Al final del programa, el objetivo fue cumplido en tiempo record, y el premio en efectivo terminó siendo una donación al Hospital de Niños Víctor J. Vilela.

 Más de treinta empleados en simultáneo llegaron a unirse al equipo de la sastrería, siempre con la misión de alzar su marca distintiva en toda la ciudad. En esta línea, “El reformatorio del traje” estaba presente en la mesa de los domingos, en la cancha y en ámbitos cotidianos, así como era protagonista de casamientos, graduaciones y grandes celebraciones.

 

 En el recuerdo de Tito, remarca que uno de los grandes sueños de su padre era ser el dueño de la esquina. Tal como lo revive, era algo difícil, pero que era su ambición. Fue de esta forma que tuvo que vender su auto, hipotecar la casa, pedir plata a todos sus amigos. “Hizo de todo para lograrlo. Hoy eso sería imposible”, concluye el sastre.

 El actual slogan del comercio es “La Sastrería de Rosario”, título que hace justicia a la experiencia y el liderazgo que había conseguido en el rubro. La propia vidriera es muestra de esa pericia, pudiendo observarse viejas máquinas de coser, tijeras gigantes, carteles publicitarios y artículos que parecen muestras de un museo de casi ocho décadas.

 Por su parte, Leonardo es la tercera generación al frente del negocio, quien admite haberse sumado al oficio de una forma automática: “Aprendí sin darme cuenta. Fue en base a la necesidad. Yo tenía que responder a las urgencias”. De tal manera, empezó a trabajar con su abuelo y su padre, hasta 2003, cuando falleció Salvador a los 92 años.

Tres generaciones al servicio del buen vestir. 

 Lejos de tomarse un descanso, Tito sintió que el legado que debían continuar estaba más latente que nunca, y, rememorando el velatorio que se realizó un lunes al mediodía, argumenta: “Cuando salimos del cementerio, un amigo me dijo “Bueno, tomate unos días de descanso”; a lo que respondí: “No tengo que tomar descanso, vamos a arrancar ya, y le comenté a Leonardo que tenemos una mochila muy grande, un nombre y un capital muy importante que lo tenemos que cuidar con todo y luchar más que nunca”.

En cuanto a épocas, padre e hijo cuentan que el negocio siempre se debió adaptar a los tiempos que corren, por lo que esté presente no es la excepción. De tal forma, advierten que se fueron agiornando y ampliando, sumándose como proveedores de uniformes para empresas. Justamente es ahí donde el oficio artesanal del sastre apuesta para modernizar prendas, hacer trajes a medida, trabajar con las mejores telas y estar siempre a la vanguardia.

“La ropa tiene una tendencia global hacia el skinny fit, al entallado. En nuestros viajes a Europa pudimos ver cómo se instaló allá e iba a llegar para acá”

Ya en el cierre, ellos destacan que la sastrería mantiene su sello, que es atender a cada cliente personalizadamente: con atención a los detalles, dedicándole el tiempo necesario a las medidas, al trazado, a los cortes, y las pruebas de ropa, para dar como resultado una prenda adaptada a cada cuerpo. En otras palabras, la Sastrería Caliotti ha perdurado 78 años y apunta a muchos más, gracias a lo que empezó Salvador ha trascendido su época, y ha logrado engalanar a miles de rosarinos que apuestan por el buen vestir.