El combustible a granel aumentó un 18% en septiembre, quedando más caro que el precio publicado en surtidores. Se espera escases y desabastecimiento del combustible. Si este aumento no se puede trasladar a los costos, las PyMES se verán imposibilitadas de seguir trabajando y corren peligro cientos de puestos laborales.
Las empresas de transportes de cargas no resisten más aumentos. El congelamiento de precios es completamente ficticio, dado que el combustible a granel tuvo una reciente y desmedida suba del 18%, quedando por encima del precio de surtidores.
Sumado a esto, se quitaron los beneficios de los sistemas de tarjetas expedidos por las diferentes empresas petroleras destinadas especialmente a transportistas. En este contexto las empresas sufren un enorme perjuicio, y será indispensable poder trasladar estos nuevos costos a las tarifas, de lo contrario muchas de ellas corren riesgo de terminar con la actividad con el consiguiente costo en pérdidas de puestos de trabajo y de aportes al fisco.
