La futura capital de Egipto

La futura capital de Egipto

Comenzará a funcionar en los próximos doce meses. Empieza la cuenta atrás para una nueva huida de Egipto. Aunque El Cairo lleva un siglo intentando escapar de sí mismo, esta vez promete hacerlo a escala bíblica

La futura capital de Egipto es un proyecto urbanístico impulsado por el gobierno de dicho país africano, cuyo objetivo oficial es trasladar la capitalidad administrativa a un nuevo emplazamiento en el medio del desierto ubicado a unos 45 kilómetros al este de la actual capital, El Cairo.

La iniciativa, anunciada por el gobierno de Egipto el 13 de marzo de 2015, fue presentada como un intento de desbloquear El Cairo, presa de una expansión demográfica y económica que la infraestructura lucha por seguir. Pero varios observadores señalan que este movimiento hacia el este también es probable que tenga fines políticos, incluida una mayor proximidad al poder con la zona estratégica del Canal de Suez.

Empieza la cuenta atrás para una nueva huida de Egipto. Aunque El Cairo lleva un siglo intentando escapar de sí mismo, esta vez promete hacerlo a escala bíblica. La Nueva Capital Administrativa (NCA), anunciada hace cinco años, no es un espejismo, como la saudí Neom. Se está levantando visiblemente en mitad del desierto, a cincuenta kilómetros de El Cairo, y comenzará a funcionar en los próximos doce meses.

El primer ministerio ya está listo, y sesenta mil funcionarios. Tras ellos, el Gobierno en pleno, muchas embajadas y agencias internacionales, así como parte de las clases pudientes, acamparán en este búnker vallado y ajardinado, tan vasto como el centro de El Cairo, pero lejos del caos de la plaza Tahrir.

Una capital faraónica para el Egipto de Al Sisi | Internacional | EL PAÍS

No ha sido cosa de la lámpara de Aladino, sino de una empresa faraónica, menos egipcia que china. Lidera el proyecto CSCEC –en exclusiva en el distrito de oficinas– junto a las constructoras del ejército. CSCEC es la misma empresa que levantó dos hospitales en Wuhan en diez días, así como nueve de cada diez rascacielos chinos. El mariscal Al Sisi tiene prisa, y las inmobiliarias, también. La ardua rehabilitación de El Cairo histórico ni se plantea. Y las preocupaciones ecológicas quedan para mañana. Para hoy, piscinas particulares en el desierto, tras lomas de campos de golf.

El posible nombre de la ciudad, Wedian (vaguadas), define la topografía. Suena además tan árabe como chino, como quizás el futuro de la región, clave para el proyecto de las Nuevas Rutas de la Seda. Todos los predecesores del mariscal Abdul Fatah al Sisi –excepto Mohamed Morsi, al que derrocó al cabo de un año– intentaron descongestionar El Cairo con ciudades de nueva planta, pero ninguna de esta ambición. La apuesta egipcia es ahora de tal magnitud que no puede fallar.

China ha adelantado 35.000 de los 45.000 millones de dólares presupuestados, con un ojo puesto en el canal de Suez y su Zona Económica Especial, que ha de contar con cuatro puertos y polos –de Ain Sojna a Port Said.

Lo que es irrebatible es que Egipto concentra a 95 de sus 100 millones de habitantes en apenas el 2% de su superficie: los cauces del Nilo, que lleva un siglo intentando desbordar. Esta vez, Al Sisi ha cogido al vuelo la alineación astral de Riad y Emiratos –que financiaron su toma del poder– con Tel-Aviv, Washington, Pekín y hasta Moscú, para intentar dar su gran salto adelante.