El equilibrismo más arduo

El equilibrismo más arduo

No paran de subir los casos de covid. La economía se hunde y con ella familias enteras se sumergen en la pobreza. El hielo de los polos se derrite. Cada día se extinguen más de un centenar de especies. El fuego arde en mi ciudad.

Los mares están contaminados. El aire todavía más… Me rindo. Me hundo en la desesperanza y tiro la toalla.

Para la humanidad, el mundo se ha acabado muchas veces. Con la peste en la Edad Media. En Bosnia Herzegovina, hace casi treinta años. En el Mediterráneo hoy día, con los naufragios de pateras. En los campos de refugiados. Durante guerra civil española. Sin embargo, aquí estamos tú y yo. Sigo en pie en este mundo loco. Y tú también. Y mientras lo estamos, podemos hacer dos cosas.

La primera es perdernos en los objetos de nuestra atención. Es decir, perdernos en las cosas en las que nos fijamos. Las cosas se nos tragan, nos consumen con su tragedia, urgencia y vibración. Entramos en la selva de la información como en un peli de miedo, sin encontrar la salida. Me pierdo en esta selva muchas veces. Por temas medioambientales, por historias personales, por temas humanitarios. En la selva me sumo en un estado de ánimo pesado y oscuro que bloquea cualquier tipo de acción transformadora.

La segunda, algo fundamental en mi acompañamiento en calidad de coach de desarrollo personal, es fijarnos en nuestro estado de conciencia. Si llevas la atención a la calidad de tu conciencia te darás cuenta del espacio que habita en ti. Descubrirás al testigo u observador. Plantéate lo más crucial. ¿Qué estado de conciencia decides cultivar? Sea el que sea el que elijas, depende exclusivamente de ti.

El filósofo Fernando Savater1 afirma que “sostenerse en la alegría es el equilibrismo más arduo, pero el único capaz de conseguir que todas las penas humanas merezcan efectivamente la pena”. Para navegar el diluvio universal que siempre está cayendo, elegir vivir en la alegría es el mayor coraje. Atrévete, y al hacerlo llenarás de sentido tu vida, mientras caminas un paso tras otro, hasta tu pequeño gran fin.