Crónica de una cuarentena en crucero

Crónica de una cuarentena en crucero

 Su casa es un barco, sus vecinos son sus compañeros, y su vista es el mar. La historia de un argentino que pasa su aislamiento en un crucero, con la incertidumbre de saber cuándo podrá volver al país.

 Nicolás tiene 26 años, nació en Córdoba pero pasó la mayor parte de su vida en Rosario. Desde noviembre que recorre el Atlántico como fotógrafo de una importante empresa de cruceros. Parando en puertos de Estados Unidos y el Caribe, su trabajo consistía en estar encontrar el momento justo para poder fotografiar las vacaciones de los pasajeros.

 Al igual que los mil empleados del barco, trabajaba entre 8 y 12 horas del día, hasta que el Covid-19 dejo de ser un rumor para convertirse en una realidad mundial. Así, su rutina se vio interrumpida, ya que los puertos dejaron de permitir el acceso del crucero, de la misma manera que se frenó el arribo pasajeros, dejando sólo a la propia tripulación arriba.

“Se veía venir. Empezaron cerrando algunos puertos: los pasajeros se enojaban, pero no se sabía que hacer”

 Los rumores que se manejaban eran muchos, y eran pocas las certezas. Después de unos días, la decisión de todas las empresas de cruceros fue cancelar estos viajes, suspendiendo las embarcaciones hasta nuevo aviso. De esta manera, ya dejaron de subirse nuevos pasajeros, y el staff fue el único que quedó abordo, aguardando por novedades.

 “Empezó siendo un mes, después fueron dos, y terminó por tiempo indeterminado”

 Al igual que en todo el mundo, el turismo se puso en pausa, y para Nicolás se sintió como una baja de sus actividades. Al no haber pasajeros, dejó de tener la obligación de sacar fotos, y reemplazó su labor por la de la limpieza y cuidado del barco, junto a otras tareas que no podía realizar antes, por falta de tiempo. También agregó rutinas personales, tales como aprovechar el gimnasio y las instalaciones del crucero.

“Empezaron a hacer actividades como si nosotros fuéramos los pasajeros. Obviamente sin ningún tipo de miedo ya que estábamos en medio del mar”.

 Claro, al no haber tenido noticias de casos de Covid en el propio crucero, la actual tripulación estaba libre de hacer lo que quisieran, mientras esperaban por las respuestas del gobierno de Estados Unidos, y el de cada país para poder desembarcar y poder regresar. El mayor problema llegó cuando a los 25 días uno de los propios compañeros empezó a tener síntomas de fiebre, con el susto de que se tratase de un caso de Coronavirus.

 Por precaución, y como medida del protocolo, todos los trabajadores fueron confinados al aislamiento, en este caso en un cuarto individual, con un pequeño balcón que regalaba la vista al mar. Para algunos fue más parecido a un premio, ya que pasaron a una cabina más grande que la habitual, sin tareas que realizar, más que esperar que todo se resuelva.

 “Es una situación rara. No hay nada concreto a futuro”

 Así, se cerraron todas las instalaciones del barco, y luego de pasados los 15 días de confinamiento, se le permitió a la tripulación salir de sus cuartos, aunque sólo sea para dar unas vueltas dentro del mismo. Además, cada una de las mil personas debe mantener el metro y medio de distancia, junto a un protocolo de higiene.

Actualmente el crucero se encuentra en el mar que conecta la parte sudeste de Estados Unidos con las Bahamas, aguardando por novedades para que sus trabajadores puedan volver. Por cuestiones de logística, diversos vuelos no han podido ser abordados. En caso de no tener las respuestas de los países, la empresa está barajando la posibilidad de enviar de regreso en barco a todos los tripulantes. En el caso de Nicolás, su viaje estaría acompañado por todos sus compañeros sudamericanos.

 A la par de Nicolás, son más de 200 los argentinos, y cerca de 150.000 quienes se encuentran varados en cruceros en todo el mundo y esperan por una respuesta para ser repatriados. ¿Cómo terminará esta historia? Por el momento mirando al sol que se mete en el oeste, regalando una postal de crucero.