La irregularidad en los préstamos al sector privado registró su primera baja mensual desde octubre de 2024. El descenso estuvo impulsado por una leve mejora en la capacidad de pago de las familias, mientras que la mora empresaria se mantuvo estable.
El dato fue celebrado por el presidente Javier Milei, que destacó el informe como un indicador positivo para la economía.
Después de un año y siete meses de aumentos consecutivos, la morosidad del crédito en Argentina mostró un cambio de tendencia. Según un relevamiento de la consultora 1816, elaborado sobre datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), la irregularidad de los préstamos al sector privado descendió del 7,7% en mayo al 7,6% en junio, interrumpiendo una racha de 19 meses de crecimiento.
El dato más relevante provino del segmento de las familias. La mora en los créditos destinados a los hogares pasó del 12,8% al 12,7%, reflejando una leve mejora en la capacidad de cumplimiento de los compromisos financieros. En tanto, el nivel de incumplimiento de las empresas permaneció estable en 3,5%, sin variaciones respecto del mes anterior.
Aunque la baja representa una señal alentadora, los especialistas advierten que el nivel de morosidad continúa siendo alto en comparación con los registros de fines de 2024. En octubre de ese año, la mora total era de apenas 1,5%, mientras que la de las familias alcanzaba el 2,5% y la de las empresas el 0,7%. Desde entonces, el fuerte crecimiento del crédito al consumo, las elevadas tasas de interés y la pérdida de poder adquisitivo explicaron gran parte del deterioro observado durante los últimos meses.
La reacción del Gobierno
El informe tuvo inmediata repercusión en el ámbito político. El presidente Javier Milei compartió el estudio en sus redes sociales, interpretando el freno en la morosidad como una señal favorable sobre la evolución del sistema financiero y de la capacidad de pago del sector privado.
Para las economías regionales, este dato puede marcar el inicio de una etapa de mayor estabilidad financiera. Una desaceleración en la mora mejora la salud del sistema bancario y facilita la continuidad del crédito para familias, comercios y pequeñas empresas.
Sin embargo, el desafío continúa siendo consolidar esta tendencia durante los próximos meses. Si la inflación sigue moderándose, los ingresos reales recuperan terreno y las tasas de interés acompañan la actividad económica, la reducción de la morosidad podría transformarse en una señal de recuperación más sólida. Por el contrario, si el consumo vuelve a debilitarse, el indicador podría retomar la tendencia alcista.
En un contexto donde el crédito vuelve lentamente a ocupar un lugar central en la economía argentina, la evolución de la mora será uno de los indicadores más observados por bancos, empresas y consumidores durante el segundo semestre del año.
