La Selección cayó 1-0 ante España en tiempo suplementario y no pudo defender el título conquistado en Qatar. El equipo de Lionel Scaloni volvió a llegar hasta el último partido y cerró una campaña marcada por el coraje, las remontadas y la vigencia de Lionel Messi.
La ilusión de alcanzar la cuarta estrella terminó a pocos minutos de los penales. Argentina perdió 1-0 frente a España en la final del Mundial 2026 y se quedó con un subcampeonato que duele, pero que también confirma la extraordinaria vigencia de un ciclo que volvió a colocar al país entre los dos mejores del planeta.
El encuentro disputado en Nueva Jersey fue tan cerrado como sufrido. España tuvo el control de la pelota, generó las situaciones más claras y obligó a Emiliano “Dibu” Martínez a convertirse nuevamente en una de las grandes figuras argentinas.
El arquero sostuvo el empate durante los 90 minutos reglamentarios y buena parte del tiempo suplementario. Sin embargo, a los 106 minutos, Ferran Torres aprovechó una asistencia de Nico Williams y marcó el único gol de la final.
Argentina quedó además con diez jugadores por la expulsión de Enzo Fernández, pero no renunció. Con Lionel Messi buscando algún espacio y todo el equipo empujando desde el corazón, la Albiceleste fue por un último milagro que esta vez no llegó. España resistió y celebró el segundo campeonato mundial de su historia.
Un Mundial atravesado por la épica
La Selección no tuvo un camino sencillo. Llegó a Estados Unidos, México y Canadá como campeona defensora y con la enorme presión de repetir la conquista de Qatar 2022.
Durante el torneo hubo momentos de buen fútbol, pero también partidos en los que el equipo debió recurrir a su carácter. En los octavos de final protagonizó una remontada inolvidable ante Egipto: estaba dos goles abajo, pero reaccionó y terminó ganando 3-2 con tantos de Enzo Fernández y Lautaro Martínez sobre el cierre.
En cuartos de final volvió a sufrir para superar 3-1 a Suiza durante el tiempo suplementario. Luego llegó una de las noches más emotivas de la Copa: Argentina derrotó 2-1 a Inglaterra en la semifinal, después de comenzar perdiendo, y consiguió el pasaje al partido decisivo.
Ese recorrido volvió a demostrar la identidad construida por Lionel Scaloni: un grupo que nunca se entrega, que sabe sufrir y que permanece unido incluso cuando el desarrollo parece llevarlo al límite.
Messi, líder hasta el final
A los 39 años, Lionel Messi volvió a ser el conductor futbolístico y emocional del seleccionado. Terminó el torneo con ocho goles y cuatro asistencias, participando de manera decisiva en buena parte del recorrido argentino.
La final pudo haber sido su última presentación en una Copa del Mundo. Por eso, su imagen después del encuentro, abrazado por sus compañeros y saludando a los hinchas argentinos, tuvo un significado especial.
Messi no pudo cerrar su historia mundialista levantando otra copa, pero tampoco necesitaba hacerlo para confirmar su lugar en la historia. Ya había conducido a la Argentina al título en Qatar y, cuatro años más tarde, la llevó nuevamente hasta una final.
Una derrota que no borra el camino
España fue superior en el partido decisivo y se quedó merecidamente con el título. Argentina, en cambio, deberá procesar el dolor de haber estado tan cerca de una nueva consagración.
Pero la derrota no puede borrar lo construido. La Selección fue finalista por segunda Copa consecutiva, eliminó a rivales de enorme jerarquía y volvió a emocionar a millones de argentinos.
No hubo cuarta estrella, pero sí entrega, orgullo y sentido de pertenencia. Este equipo volvió a competir hasta el último minuto y defendió la camiseta con el compromiso que identifica a todo el ciclo de Scaloni.
Argentina perdió una final. No perdió su identidad, no perdió el reconocimiento de su gente y tampoco perdió el lugar que recuperó entre las grandes potencias del fútbol mundial.
Se va del Mundial 2026 con lágrimas en los ojos, pero con la frente bien alta.
