¿Argentina podría tener su propio Pix? El modelo brasileño que desafía a bancos, tarjetas y billeteras digitales

¿Argentina podría tener su propio Pix? El modelo brasileño que desafía a bancos, tarjetas y billeteras digitales

Brasil convirtió los pagos instantáneos en una infraestructura pública utilizada por millones de personas. Un esquema similar en Argentina podría reducir costos y acelerar transferencias, pero también modificaría el negocio de bancos, Mercado Pago, MODO, Visa y Mastercard.

El extraordinario crecimiento de Pix en Brasil abre una pregunta que también resulta relevante para Argentina: ¿es posible construir un sistema público de pagos instantáneos que permita transferir dinero directamente entre bancos y billeteras, con costos mínimos y disponible las 24 horas?

En realidad, Argentina ya recorrió una parte importante de ese camino. Las Transferencias 3.0, los pagos con QR interoperable y las transferencias inmediatas permiten mover dinero entre distintas entidades y billeteras.

Sin embargo, el modelo brasileño fue más lejos: convirtió a Pix en una verdadera infraestructura nacional de pagos, administrada por el Banco Central de Brasil y utilizada masivamente por personas y comercios.

Pix no es una billetera

Esta diferencia resulta fundamental.

Pix no compite con una aplicación ofreciendo una cuenta donde guardar el dinero. Es una infraestructura que conecta a bancos, fintechs y otras entidades financieras.

Una persona puede utilizar la aplicación de su propio banco y enviar dinero a alguien que opera con otra institución.

El sistema funciona detrás de ambas aplicaciones.

En Argentina podría pensarse conceptualmente de esta manera:

Banco Nación → sistema público → Mercado Pago

Mercado Pago → sistema público → Banco Santander

MODO → sistema público → cualquier otra cuenta interoperable

Para el usuario, la marca utilizada podría pasar a un segundo plano: lo importante sería que todas pudieran comunicarse de manera inmediata.

Argentina ya tiene una ventaja: el alias y el CVU

Nuestro país posee herramientas que hace algunos años parecían innovadoras y hoy forman parte de la vida cotidiana.

El CBU, el CVU, los alias, las transferencias inmediatas y el QR interoperable permiten mover dinero entre bancos y billeteras con enorme facilidad.

Eso significa que Argentina no tendría que comenzar desde cero.

El verdadero debate sería determinar hasta qué punto el Banco Central debería avanzar hacia una infraestructura todavía más integrada, económica y uniforme.

¿Qué pasaría con Mercado Pago?

Probablemente no desaparecería.

Mercado Pago seguiría teniendo numerosos servicios: billetera, inversiones, créditos, cobros, tarjetas y herramientas comerciales.

Lo que podría modificarse es el valor económico de actuar como intermediario de determinadas operaciones.

Si cualquier comercio pudiera recibir dinero instantáneamente en cualquier cuenta mediante una infraestructura común y de muy bajo costo, la competencia se trasladaría del simple procesamiento del pago hacia los servicios adicionales.

Las billeteras tendrían que competir por ofrecer mejores créditos, inversiones, promociones, seguridad y herramientas para comercios.

¿Y MODO?

Algo similar ocurriría con MODO.

La billetera respaldada por bancos argentinos podría continuar existiendo como interfaz para los clientes.

Pero detrás de ella habría una infraestructura todavía más neutral que conectaría a todos los participantes.

Paradójicamente, un sistema de estas características podría beneficiar a los bancos más pequeños y a las fintechs: no necesitarían construir una enorme red propia para competir.

El desafío para Visa y Mastercard sería mayor

Aquí aparece posiblemente la transformación más importante.

Cuando compramos utilizando una tarjeta existe una compleja infraestructura detrás de la operación. Participan emisores, adquirentes, procesadores y redes internacionales.

Empresas como Visa Argentina y Mastercard Argentina forman parte de ese ecosistema.

Un sistema de transferencia inmediata permite otra posibilidad:

comprador → cuenta bancaria → infraestructura instantánea → cuenta del comercio.

El dinero puede llegar prácticamente en el momento sin utilizar necesariamente una red tradicional de tarjetas.

Esto no significa la desaparición de las tarjetas. El crédito, las compras financiadas, los contracargos y otros servicios continúan teniendo valor.

Pero para muchos pagos de débito cotidiano, la competencia podría ser mucho más fuerte.

El QR podría convertirse en la puerta de entrada

Argentina ya cuenta con algo decisivo: millones de consumidores aprendieron a pagar escaneando un código QR.

El paso siguiente sería conseguir que detrás de ese QR la competencia entre medios de pago sea completamente transparente.

El consumidor podría elegir desde qué cuenta pagar y el comerciante decidir dónde recibir el dinero.

La infraestructura simplemente conectaría ambos extremos.

Ese concepto se aproxima bastante a la filosofía que impulsó Pix.

¿Quién gana con un sistema así?

El principal beneficiado debería ser el consumidor.

Más competencia puede significar menores costos, transferencias más rápidas y menos barreras entre bancos y billeteras.

También podría beneficiar especialmente a pequeños comercios.

Una pyme que actualmente analiza comisiones, plazos de acreditación y costos financieros podría recibir el dinero directamente en su cuenta en segundos.

Pero existe una condición indispensable: la infraestructura tendría que ser segura, transparente y abierta a todos los participantes bajo las mismas reglas.

El Estado tendría un poder enorme

Ese es también el principal cuestionamiento que genera Pix.

Cuando el Banco Central establece las reglas y simultáneamente administra una infraestructura fundamental del mercado, concentra una enorme responsabilidad.

Un modelo argentino debería establecer claramente qué información puede observar el Estado, cómo se protege la privacidad, quién controla el sistema y cuáles son las reglas para los competidores privados.

La eficiencia tecnológica no debería significar menor protección de los usuarios.

Una autopista pública para el dinero

Pix introdujo una idea sencilla pero poderosa.

Internet funciona sobre protocolos comunes aunque después existan miles de empresas ofreciendo servicios sobre esa infraestructura.

Brasil aplicó un concepto parecido al dinero digital.

Construyó una especie de autopista financiera pública y permitió que bancos y fintechs desarrollaran sus servicios encima de ella.

Argentina ya posee muchas de las piezas necesarias para profundizar ese camino.

La pregunta, entonces, no es solamente si técnicamente podría hacerlo.

La discusión verdaderamente importante será otra:

¿Quién debería controlar la autopista digital por donde circula nuestro dinero y cuánto debería costarnos utilizarla?

La experiencia brasileña demuestra que esa discusión ya dejó de pertenecer al futuro.

Diario Rosario Norte

¿Argentina podría tener su propio Pix? El modelo brasileño que desafía a bancos, tarjetas y billeteras digitales

Brasil convirtió los pagos instantáneos en una infraestructura pública utilizada por millones de personas. Un esquema similar en Argentina podría reducir costos y acelerar transferencias, pero también modificaría el negocio de bancos, Mercado Pago, MODO, Visa y Mastercard.

El extraordinario crecimiento de Pix en Brasil abre una pregunta que también resulta relevante para Argentina: ¿es posible construir un sistema público de pagos instantáneos que permita transferir dinero directamente entre bancos y billeteras, con costos mínimos y disponible las 24 horas?

En realidad, Argentina ya recorrió una parte importante de ese camino. Las Transferencias 3.0, los pagos con QR interoperable y las transferencias inmediatas permiten mover dinero entre distintas entidades y billeteras.

Sin embargo, el modelo brasileño fue más lejos: convirtió a Pix en una verdadera infraestructura nacional de pagos, administrada por el Banco Central de Brasil y utilizada masivamente por personas y comercios.

Pix no es una billetera

Esta diferencia resulta fundamental.

Pix no compite con una aplicación ofreciendo una cuenta donde guardar el dinero. Es una infraestructura que conecta a bancos, fintechs y otras entidades financieras.

Una persona puede utilizar la aplicación de su propio banco y enviar dinero a alguien que opera con otra institución.

El sistema funciona detrás de ambas aplicaciones.

En Argentina podría pensarse conceptualmente de esta manera:

Banco Nación → sistema público → Mercado Pago

Mercado Pago → sistema público → Banco Santander

MODO → sistema público → cualquier otra cuenta interoperable

Para el usuario, la marca utilizada podría pasar a un segundo plano: lo importante sería que todas pudieran comunicarse de manera inmediata.

Argentina ya tiene una ventaja: el alias y el CVU

Nuestro país posee herramientas que hace algunos años parecían innovadoras y hoy forman parte de la vida cotidiana.

El CBU, el CVU, los alias, las transferencias inmediatas y el QR interoperable permiten mover dinero entre bancos y billeteras con enorme facilidad.

Eso significa que Argentina no tendría que comenzar desde cero.

El verdadero debate sería determinar hasta qué punto el Banco Central debería avanzar hacia una infraestructura todavía más integrada, económica y uniforme.

¿Qué pasaría con Mercado Pago?

Probablemente no desaparecería.

Mercado Pago seguiría teniendo numerosos servicios: billetera, inversiones, créditos, cobros, tarjetas y herramientas comerciales.

Lo que podría modificarse es el valor económico de actuar como intermediario de determinadas operaciones.

Si cualquier comercio pudiera recibir dinero instantáneamente en cualquier cuenta mediante una infraestructura común y de muy bajo costo, la competencia se trasladaría del simple procesamiento del pago hacia los servicios adicionales.

Las billeteras tendrían que competir por ofrecer mejores créditos, inversiones, promociones, seguridad y herramientas para comercios.

¿Y MODO?

Algo similar ocurriría con MODO.

La billetera respaldada por bancos argentinos podría continuar existiendo como interfaz para los clientes.

Pero detrás de ella habría una infraestructura todavía más neutral que conectaría a todos los participantes.

Paradójicamente, un sistema de estas características podría beneficiar a los bancos más pequeños y a las fintechs: no necesitarían construir una enorme red propia para competir.

El desafío para Visa y Mastercard sería mayor

Aquí aparece posiblemente la transformación más importante.

Cuando compramos utilizando una tarjeta existe una compleja infraestructura detrás de la operación. Participan emisores, adquirentes, procesadores y redes internacionales.

Empresas como Visa Argentina y Mastercard Argentina forman parte de ese ecosistema.

Un sistema de transferencia inmediata permite otra posibilidad:

comprador → cuenta bancaria → infraestructura instantánea → cuenta del comercio.

El dinero puede llegar prácticamente en el momento sin utilizar necesariamente una red tradicional de tarjetas.

Esto no significa la desaparición de las tarjetas. El crédito, las compras financiadas, los contracargos y otros servicios continúan teniendo valor.

Pero para muchos pagos de débito cotidiano, la competencia podría ser mucho más fuerte.

El QR podría convertirse en la puerta de entrada

Argentina ya cuenta con algo decisivo: millones de consumidores aprendieron a pagar escaneando un código QR.

El paso siguiente sería conseguir que detrás de ese QR la competencia entre medios de pago sea completamente transparente.

El consumidor podría elegir desde qué cuenta pagar y el comerciante decidir dónde recibir el dinero.

La infraestructura simplemente conectaría ambos extremos.

Ese concepto se aproxima bastante a la filosofía que impulsó Pix.

¿Quién gana con un sistema así?

El principal beneficiado debería ser el consumidor.

Más competencia puede significar menores costos, transferencias más rápidas y menos barreras entre bancos y billeteras.

También podría beneficiar especialmente a pequeños comercios.

Una pyme que actualmente analiza comisiones, plazos de acreditación y costos financieros podría recibir el dinero directamente en su cuenta en segundos.

Pero existe una condición indispensable: la infraestructura tendría que ser segura, transparente y abierta a todos los participantes bajo las mismas reglas.

El Estado tendría un poder enorme

Ese es también el principal cuestionamiento que genera Pix.

Cuando el Banco Central establece las reglas y simultáneamente administra una infraestructura fundamental del mercado, concentra una enorme responsabilidad.

Un modelo argentino debería establecer claramente qué información puede observar el Estado, cómo se protege la privacidad, quién controla el sistema y cuáles son las reglas para los competidores privados.

La eficiencia tecnológica no debería significar menor protección de los usuarios.

Una autopista pública para el dinero

Pix introdujo una idea sencilla pero poderosa.

Internet funciona sobre protocolos comunes aunque después existan miles de empresas ofreciendo servicios sobre esa infraestructura.

Brasil aplicó un concepto parecido al dinero digital.

Construyó una especie de autopista financiera pública y permitió que bancos y fintechs desarrollaran sus servicios encima de ella.

Argentina ya posee muchas de las piezas necesarias para profundizar ese camino.

La pregunta, entonces, no es solamente si técnicamente podría hacerlo.

La discusión verdaderamente importante será otra:

¿Quién debería controlar la autopista digital por donde circula nuestro dinero y cuánto debería costarnos utilizarla?

La experiencia brasileña demuestra que esa discusión ya dejó de pertenecer al futuro.

Diario Rosario Norte