En la Argentina se estimaron 20.750 nuevos casos en 2024. La tasa de mortalidad descendió un 14% entre 2014 y 2024, mientras que la detección temprana y los tratamientos oportunos continúan siendo claves para mejorar el pronóstico.
El diagnóstico temprano y los tratamientos adaptados a cada paciente son pilares del abordaje del cáncer de mama, la enfermedad oncológica más frecuente entre las mujeres en la Argentina.
Los datos oficiales muestran una tendencia alentadora: la tasa estandarizada de mortalidad descendió de manera sostenida, a un ritmo anual del 1,7% entre 2014 y 2024. Ese es el período analizado, y no hasta 2026.
En esa década, la tasa pasó de 17,76 a 15,36 defunciones por cada 100.000 mujeres, una reducción aproximada del 14%. La disminución corresponde a la tasa de mortalidad, que permite comparar períodos teniendo en cuenta la estructura de edades de la población.
Una enfermedad de alto impacto
Para 2024 se estimaron 20.750 nuevos casos de cáncer de mama, equivalentes al 29,9% de los tumores malignos diagnosticados en mujeres. Ese mismo año se registraron 5.912 fallecimientos por esta causa.
Aunque la mortalidad presenta una tendencia descendente, las cifras muestran la importancia de garantizar el acceso a los controles, completar los estudios indicados y comenzar el tratamiento sin demoras evitables.
Detectar antes de que aparezcan síntomas
La mamografía permite identificar lesiones que todavía no son palpables. Encontrar la enfermedad en etapas iniciales puede aumentar las posibilidades de curación y permitir, en determinados casos, tratamientos menos agresivos.
El Ministerio de Salud recomienda que las mujeres de 50 a 69 años sin antecedentes personales ni familiares de cáncer de mama se realicen una mamografía cada uno o dos años. Fuera de ese rango, o ante factores de riesgo, la oportunidad y frecuencia deben definirse con el equipo de salud.
Reconocer cambios en las mamas no reemplaza la mamografía ni los controles profesionales.
Tratamientos según cada diagnóstico
El cáncer de mama comprende distintos subtipos. Por eso, el tratamiento se define de acuerdo con las características del tumor, su extensión y la situación de cada persona.
Las alternativas pueden combinar cirugía, radioterapia y medicamentos, entre ellos quimioterapia, tratamientos hormonales y terapias dirigidas. La elección requiere una evaluación individual y una conversación con el equipo tratante sobre los beneficios, los posibles efectos adversos y los objetivos de la atención.
Qué cambios requieren una consulta
La aparición de un bulto o engrosamiento en la mama o la axila, modificaciones en la forma del pecho, cambios en la piel o el pezón y secreciones anormales son motivos para consultar.
Un bulto debe evaluarse aunque no produzca dolor. Muchos cambios mamarios tienen causas benignas, pero es necesario determinar su origen mediante una valoración médica. Ante un síntoma nuevo, corresponde consultar sin esperar al próximo control de rutina.
El desafío de llegar a tiempo
La reducción de la mortalidad convive con un desafío sanitario: que todas las personas puedan acceder al diagnóstico y al tratamiento oportunos.
La atención integral requiere continuidad entre la primera consulta, los estudios, la confirmación del diagnóstico y el inicio de la terapia. Reducir los obstáculos en ese recorrido es fundamental para que las posibilidades de una mejor evolución alcancen a más pacientes.
