El empresario sostiene que la inteligencia artificial y los robots podrían generar tal nivel de abundancia que el dinero perdería buena parte de su función. Pero expertos advierten que la escasez no desaparecería tan fácilmente.
Elon Musk volvió a poner sobre la mesa una de sus predicciones más disruptivas: “El dinero no importará en 2036”. La frase fue pronunciada durante una entrevista con The Economist y rápidamente generó debate en todo el mundo.
La idea no es que una crisis económica vaya a hacer desaparecer las monedas o los billetes. Musk plantea algo mucho más profundo: que la combinación de inteligencia artificial y robots humanoides podría transformar la economía hasta tal punto que el dinero deje de cumplir el papel que tiene actualmente.
¿Por qué dejaría de importar el dinero?
El razonamiento de Musk parte de una pregunta sencilla: ¿para qué necesitamos dinero?
En la actualidad lo utilizamos principalmente para comprar alimentos, vivienda, transporte, entretenimiento y otros bienes y servicios. Pero, según su escenario futuro, los robots y la IA podrían producir una cantidad de bienes y servicios superior a lo que cualquier ser humano podría consumir.
En ese contexto, la producción dejaría de ser el principal problema de la economía.
Musk imagina una especie de “economía de abundancia”, donde las máquinas podrían fabricar productos, construir viviendas, transportar mercancías, realizar tareas domésticas y prestar servicios prácticamente de manera permanente.
El trabajo también podría volverse opcional
La predicción sobre el dinero está relacionada con otra afirmación que Musk viene realizando desde hace tiempo: el trabajo humano podría convertirse en algo voluntario.
En enero de este año había estimado que, en un plazo de entre 10 y 20 años, trabajar podría ser una elección personal, comparable con practicar un deporte o cultivar verduras en el jardín aunque exista la posibilidad de comprarlas en un supermercado.
En su visión, las personas ya no trabajarían necesariamente para sobrevivir, sino porque encuentran satisfacción, reconocimiento o interés en determinada actividad.
¿Y de qué viviría la gente?
Aquí aparece uno de los puntos más controvertidos.
Musk ha hablado de un “ingreso alto universal”, diferente del concepto tradicional de ingreso básico universal. La idea sería garantizar a las personas un nivel de acceso suficientemente elevado a bienes y servicios en una economía dominada por máquinas.
El planteo abre una pregunta fundamental: si las personas no trabajan y las máquinas producen prácticamente todo, ¿quién recibe los beneficios de esa producción y quién controla los robots?
Ese interrogante todavía no tiene una respuesta concreta.
No significa que los billetes desaparecerán en 2036
Hay una aclaración importante para evitar una interpretación equivocada de la frase.
Musk no anunció que los billetes desaparecerán el 1° de enero de 2036. Su afirmación es que el dinero podría dejar de tener importancia económica si la producción automatizada alcanza el nivel de abundancia que imagina.
De hecho, otros análisis cuestionan la posibilidad de llegar a una economía completamente libre de escasez. Aunque los robots puedan producir millones de viviendas, alimentos o productos, seguirán existiendo recursos limitados: tierra, energía, minerales, infraestructura y determinados lugares o bienes únicos.
Por ejemplo, una inteligencia artificial podría ayudar a construir millones de casas, pero no puede crear más terrenos frente al mar en una determinada ciudad.
El gran interrogante: ¿quién será dueño de las máquinas?
Este puede ser el punto más importante de toda la discusión.
Si los robots producen prácticamente todo, habrá que determinar quién controla esas máquinas y cómo se distribuye lo que producen.
Si pertenecen a empresas privadas, sus propietarios tendrán un enorme poder económico. Si pertenecen al Estado, la distribución dependerá de decisiones políticas. Y si cada familia puede tener sus propios robots, aparecerá otra economía basada en la propiedad de esas máquinas.
Por eso, algunos especialistas consideran que la llegada de la abundancia tecnológica no necesariamente elimina la desigualdad: podría incluso modificarla y trasladarla desde el dinero hacia el control de la tecnología, la energía, los datos y los recursos.
¿Estamos realmente cerca de ese futuro?
La predicción de Musk es extraordinariamente ambiciosa y debe tomarse como una proyección, no como una fecha confirmada.
La inteligencia artificial avanza rápidamente y la robótica está incorporando capacidades que hace pocos años parecían propias de la ciencia ficción. Pero todavía existen enormes desafíos técnicos, económicos, energéticos y sociales antes de alcanzar una producción completamente automatizada a escala mundial.
El propio debate demuestra que la pregunta más interesante quizás no sea si “desaparecerá el dinero”, sino otra mucho más profunda:
¿Qué ocurriría con nuestra sociedad si producir casi cualquier cosa dejara de requerir trabajo humano?
Si Musk acierta, 2036 podría no ser el año en que desaparezcan los billetes, sino el comienzo de una transformación mucho mayor: un mundo en el que el valor de trabajar, ganar dinero y acumular riqueza tendría que ser redefinido desde cero.
La predicción ya está hecha. Ahora queda por descubrir si 2036 será una fecha histórica o simplemente otra de las audaces apuestas de Elon Musk sobre el futuro.
