Mariana, la carpintera que aprendió en El Obrador y hoy ayuda a recuperar edificios históricos de Rosario

Mariana, la carpintera que aprendió en El Obrador y hoy ayuda a recuperar edificios históricos de Rosario

Se formó en el Programa Nueva Oportunidad y trabajó en la Biblioteca Argentina, el Palacio Municipal y el Museo Estévez. Sueña con tener su propio taller y dar trabajo a otros.

El olor de la madera es una de las cosas que más le gustan en el mundo. Mariana Retamozo lo dice casi con emoción, como si en ese aroma estuviera resumida buena parte de su historia. A los 38 años, después de mucho esfuerzo y aprendizaje, hoy trabaja restaurando pisos históricos y recuperando piezas patrimoniales en algunos de los edificios más emblemáticos de Rosario.

Su camino comenzó hace más de diez años en el Centro Cultural El Obrador, ubicado en el Pasaje Espinillo 4250, detrás de los barrios Triángulo y Moderno. Llegó junto a su mamá y su hermano como parte de la primera camada de jóvenes del Programa Nueva Oportunidad y desde entonces nunca dejó la carpintería.

“Mi papá era carpintero. Debe ser de herencia”, cuenta Mariana, aunque reconoce que al principio el oficio le imponía desafíos enormes. “Soy pésima en matemáticas y acá había que tomar medidas y aprender cómo hacerlo”, recuerda entre risas.

Con el tiempo, esa curiosidad se transformó en pasión. Las primeras piezas que construyó fueron para su propia hija Abigail: un pequeño ropero que todavía recuerda como uno de sus mayores orgullos.

Después llegaron trabajos para vecinos, instituciones y empresas. Junto a otros integrantes del taller formó el grupo “Los 6 amigos”, desde donde comenzaron a realizar muebles y encargos particulares. Pero con el tiempo muchos consiguieron empleo en empresas y ella quedó sola.

“A las mujeres nos cuesta más. Muchas veces no nos toman aunque tengas asistencia perfecta y seas puntual”, lamenta.

A pesar de eso, Mariana siguió adelante. Primero llegaron trabajos en la Biblioteca Argentina Juan Álvarez, donde junto a su maestro Leandro Cortés realizaron cajones y estanterías para la remodelación del edificio.

“Nunca había entrado a la biblioteca. Sólo la veía de afuera cuando pasaba con el carrito”, recuerda. Es que cuando escasean los trabajos de carpintería, también sale a juntar residuos reciclables para sostener a su familia.

Más tarde llegaron tareas en el Palacio Municipal, donde trabajó en el pulido y encerado de pisos y restauración de ventanas en distintos salones oficiales.

Hoy, uno de sus desafíos más importantes está en el Museo de Arte Decorativo Firma y Odilo Estévez, frente a Plaza 25 de Mayo. Allí participa de la recuperación de los históricos pisos de roble de Eslavonia afectados por filtraciones y el paso del tiempo.

Cada baldosa representa un trabajo artesanal minucioso: piezas de cedro y roble que deben desmontarse, restaurarse y volver a colocarse respetando el diseño ornamental original.

“Cuando no puedo ir a trabajar me pongo mal porque esto me gusta mucho”, confiesa.

Más allá de los edificios históricos, Mariana tiene otro sueño muy claro: tener su propio taller. Quiere comprar herramientas, abrir un espacio propio y dar trabajo a otras personas.

“Me gustaría tener mi local y poder darle trabajo a otros. Poder ser la patrona”, resume.

Mientras recorre la ciudad junto a su hija, le señala orgullosa cada edificio donde trabajó. Son marcas visibles de una historia construida con esfuerzo, oficio y perseverancia.

“Muchas veces me dijeron que no iba a poder, que no valía. Pero acá me dieron fuerzas para seguir adelante”, afirma.

Y vuelve, una vez más, a esa sensación que la acompaña desde hace años: el perfume de la madera recién trabajada. “Ese olor… no te das una idea lo que es”, dice sonriendo.