Este martes 13 de octubre vuelve a poner en escena una creencia que atraviesa generaciones. Mientras algunas personas lo viven como cualquier otro día, otras prefieren evitar viajes, casamientos o decisiones importantes. No existe evidencia científica de que esta fecha provoque más desgracias.
Para muchos, hoy es simplemente un martes más. Para otros, la coincidencia con el número 13 despierta una advertencia que suele resumirse en un conocido refrán: “En martes, ni te cases ni te embarques”.
La expresión forma parte de una tradición arraigada en países de habla hispana y refleja el peso que las supersticiones todavía tienen en la vida cotidiana. Aunque no todos creen en la mala suerte, hay quienes prefieren postergar una decisión o tomar alguna precaución adicional, incluso cuando reconocen que no existe una explicación racional para hacerlo.
El martes 13 funciona, así, como un punto de encuentro entre relatos populares, hábitos familiares y maneras de enfrentar la incertidumbre.
Una creencia que se aprende y se transmite
Las supersticiones suelen incorporarse desde la infancia. Una advertencia de los abuelos, una frase repetida en casa o una historia sobre una coincidencia desafortunada pueden alcanzar para asociar una fecha con el peligro.
Con el paso del tiempo, esas ideas se convierten en costumbres. Evitar pasar debajo de una escalera, tocar madera o prestar atención a un espejo roto son ejemplos de cómo ciertos objetos y situaciones adquieren significados que van más allá de lo que realmente sucede.
La mala suerte atribuida al martes 13 es una construcción cultural: su importancia depende de las creencias y tradiciones de cada comunidad. Una fecha considerada inquietante en un país puede pasar completamente inadvertida en otro.
Por qué a veces parece que la superstición se cumple
Cuando alguien espera que ocurra algo malo, es más probable que preste especial atención a cualquier contratiempo. Perder el colectivo, romper una taza o discutir con otra persona puede interpretarse como una confirmación de que el día venía “torcido”.
Sin embargo, esos mismos hechos pueden ocurrir en cualquier fecha. Lo que cambia es la manera de observarlos y recordarlos.
Este mecanismo se relaciona con el sesgo de confirmación, la tendencia a dar más importancia a aquello que coincide con nuestras creencias y a dejar en segundo plano lo que las contradice. Si el martes 13 transcurre sin problemas, quizás se olvide rápidamente; si aparece una dificultad, puede quedar asociada a la fecha.
Entre la diversión y la preocupación
Para algunas personas, estas creencias son parte del folclore y una oportunidad para bromear. Para otras, generan inquietud y condicionan pequeñas decisiones.
La diferencia está en cuánto influyen sobre la vida diaria. Una costumbre simbólica puede resultar inofensiva, pero organizar todas las actividades alrededor del temor a una fecha puede limitar oportunidades y sumar preocupaciones innecesarias.
Por eso, conviene distinguir entre disfrutar de una tradición y atribuirle la capacidad de determinar lo que va a ocurrir. Viajar, iniciar un proyecto o tomar una decisión requiere evaluar las condiciones reales de cada situación, más allá del número que figure en el calendario.
Este martes 13 puede ser una ocasión para conversar sobre las creencias que heredamos y las que seguimos repitiendo. La fecha tiene historia en el imaginario popular, pero no determina nuestro destino: los cuidados cotidianos y las decisiones informadas tienen mucho más peso que cualquier superstición.
