¿Son los modelos de IA el próximo gran peligro para la imagen corporal?

¿Son los modelos de IA el próximo gran peligro para la imagen corporal?

Los modelos creados con inteligencia artificial aparecen cada vez con mayor frecuencia en redes sociales, campañas publicitarias y tiendas online.

Especialistas advierten que la proliferación de cuerpos digitalmente “perfectos” podría profundizar la presión estética y dificultar todavía más distinguir entre realidad y ficción.

La inteligencia artificial generativa ya no se limita a producir textos, ilustraciones o videos. Una nueva generación de modelos virtuales creados por IA comienza a ocupar espacios que hasta hace pocos años estaban reservados exclusivamente a personas reales.

Rostros prácticamente perfectos, piel sin imperfecciones, cuerpos extremadamente proporcionados y fotografías que parecen realizadas en estudios profesionales circulan por redes sociales y campañas comerciales. En muchos casos, resulta difícil advertir a simple vista que esa persona nunca existió.

El fenómeno abre una nueva discusión: ¿qué consecuencias puede tener la exposición permanente a cuerpos artificiales sobre la percepción que las personas tienen de su propia imagen?

De los retoques digitales a personas que nunca existieron

La preocupación por los estándares de belleza irreales no comenzó con la inteligencia artificial.

Durante décadas, la publicidad utilizó maquillaje, iluminación, retoque fotográfico y posteriormente herramientas digitales para modificar imágenes. Las redes sociales profundizaron esa tendencia mediante filtros capaces de cambiar el rostro, suavizar la piel o modificar determinadas proporciones corporales.

La IA introduce, sin embargo, una diferencia importante: ya no es necesario modificar a una persona real.

Los sistemas generativos pueden construir desde cero una modelo virtual, definir su rostro, edad aparente, contextura física, cabello, vestimenta y escenario, y producir posteriormente cientos de fotografías manteniendo características similares.

De esta manera, el estándar de belleza que aparece frente al usuario puede dejar de ser simplemente una versión retocada de la realidad para convertirse en una creación completamente sintética.

El riesgo de compararnos con algo imposible

Uno de los interrogantes centrales está relacionado con la comparación social.

Las redes ya exponen diariamente a millones de personas a imágenes cuidadosamente seleccionadas y editadas. La aparición de modelos artificiales podría sumar una nueva dimensión al problema.

Una persona podría terminar comparando su propio cuerpo con otro que no está condicionado por la genética, el envejecimiento, las marcas de expresión ni las características naturales del cuerpo humano.

La perfección deja entonces de ser difícil de alcanzar: directamente puede ser inexistente en el mundo real.

Esto resulta especialmente relevante entre adolescentes y jóvenes, etapas en las que la percepción corporal y la necesidad de aceptación social pueden tener una influencia significativa.

Cuando ya no sabemos qué es real

Existe otro factor que preocupa: la creciente dificultad para identificar imágenes generadas artificialmente.

Las primeras fotografías creadas mediante IA solían presentar errores evidentes. Manos deformadas, miradas extrañas o detalles incoherentes permitían reconocer rápidamente una creación digital.

Esa situación está cambiando.

Los sistemas actuales pueden producir imágenes cada vez más realistas, y la evolución tecnológica apunta a reducir todavía más las diferencias perceptibles entre una fotografía tradicional y una creación sintética.

Cuando el usuario desconoce que está observando una modelo generada por computadora, puede interpretar esas características físicas como reales y potencialmente alcanzables.

Redes sociales y publicidad

Para las empresas, los modelos virtuales ofrecen ventajas evidentes: pueden adaptarse a diferentes campañas, utilizar cualquier vestimenta, aparecer en numerosos escenarios y producir contenidos rápidamente.

Pero esa posibilidad también plantea preguntas sobre la responsabilidad de las marcas.

Una de las discusiones que comienza a ganar terreno es si las imágenes publicitarias generadas mediante inteligencia artificial deberían estar claramente identificadas como tales.

La transparencia permitiría que el consumidor sepa que la persona o el cuerpo que observa no necesariamente existe.

También podría resultar importante que las plataformas sociales faciliten la identificación de contenidos sintéticos, especialmente cuando representan personas con apariencia realista.

La IA también puede mostrar cuerpos más diversos

La tecnología, sin embargo, no necesariamente tiene que producir un efecto negativo.

Las mismas herramientas pueden utilizarse para representar una mayor diversidad de edades, cuerpos, características físicas y apariencias, evitando reproducir un único modelo de belleza.

El problema no estaría exclusivamente en la inteligencia artificial, sino en las decisiones tomadas por quienes generan y distribuyen esas imágenes.

Si las empresas utilizan la tecnología únicamente para crear cuerpos extremadamente estilizados y rostros sin ninguna imperfección, podrían reforzar estándares difíciles o imposibles de alcanzar.

Si, por el contrario, se emplea para ampliar la representación corporal, la IA podría contribuir a mostrar una variedad mucho mayor de personas.

Una nueva etapa para la alfabetización digital

La expansión de estas imágenes también obliga a desarrollar una mirada más crítica sobre lo que aparece en una pantalla.

Durante años se enseñó que una fotografía publicada en una revista podía estar retocada. Ahora será necesario incorporar otra pregunta: ¿la persona que aparece en esta fotografía existe realmente?

Reconocer que una imagen puede haber sido generada o modificada mediante inteligencia artificial será una herramienta cada vez más importante para navegar por las redes sociales.

La tecnología avanza a una velocidad extraordinaria y probablemente los modelos virtuales sean cada vez más habituales.

El desafío será evitar que esa capacidad para crear personas aparentemente perfectas termine estableciendo un estándar de belleza que ningún ser humano pueda cumplir.

Porque en la era de la inteligencia artificial, la comparación ya no siempre será entre una persona y otra: en algunos casos será entre una persona real y un cuerpo diseñado por un algoritmo.