Todos hemos tenido una noche difícil, donde nos ganó el insomnio, o la cabeza no dejó de pensar. De la misma manera, hemos tenido sueños intensos que nos han dejado con dudas para el día siguiente. La particularidad es que en este tiempo de aislamiento social, estas situaciones parecen moneda corriente para la gran mayoría. ¿Por qué es tan habitual en este contexto?
No podemos dudar que la cuarentena por coronavirus ha cambiado nuestra rutina. Para algunos incluyó la modalidad de trabajo home office y la modalidad de relacionarse a distancia. Para otros, ha significado mayor tiempo libre, y para algunos ha sido un desorden, hasta el punto de no saber qué día es. Sin embargo, lo que todos tienen en común es que tienen la duda de cómo seguirá el panorama a nivel nacional e internacional, lo que da al cerebro más cosas en las que pensar.
Según la neuróloga Mirta Averbuch, especialista en Medicina del sueño y directora del Centro Somnos, “Una de las cosas que más necesita el sueño son las rutinas de nuestros horarios con las comidas, la hora de acostarnos y de levantarnos, además de estar tranquilos a la hora de dormir. Todo esto no se está cumpliendo porque estamos híper estimulados, bombardeados de noticias y con una incertidumbre que nos impide saber qué vamos a hacer mañana, y cada uno de estos factores funciona como alarmas despertadoras. En vez de propiciar el sueño, nos mantienen con todos los sistemas de alerta activados”.
La situación es anormal, sin lugar a dudas. A esto le tenemos que sumar el estrés que sucede para los que tienen incertidumbre en su trabajo, o para aquellos hogares donde hay niños pequeños que deben ser atendidos, el extra de a las tareas domésticas, o el acompañamiento escolar. Así, el desgaste mental que va sucediendo en las horas del día no se repone a la noche, porque no se llega a una total desconexión.
“Lo que está sucediendo en este tiempo es lo que llamamos jet-lag social, o retraso de fase. Las personas no cumplen rutinas, se van a dormir a cualquier hora y a distintas horas cada noche porque se quedan enchufados con las noticias, las series, la televisión. Lo que ha de cambiar es lo externo, pero lo interno sigue funcionando con nuestros relojes como tiene que funcionar. La disociación entre lo social y lo biológico genera este jet-lag.”
En esta línea, el no poder salir ha hecho que el cerebro busque su fuga de manera imaginaria. El sueño reflejo ese deseo, es un asidero para soportar la falta de actividades sociales, físicas o rutinarias. En cuanto al contenido de los mismos, variará sus tintes si la persona está pasando por un cuadro de estrés o ansiedad.
¿Cuál es la mejor forma de bajar el ritmo del sueño? Como el cerebro necesita dormir sí o sí, se necesita disminuir la vigilia que se le está dando por función. En suma, esta la única forma de alcanzar de reparar los procesos cognitivos e inmunológicos, junto con la capacidad de memoria.
Para lograr un mayor sueño profundo, el punto fundamental es plantearse metas, independientemente del tiempo de aislamiento. Es decir, como el hombre siempre necesita tener algo por delante para estimularse, cumplir la meta se vuelve una recompensa, que activa centros de placer en el cerebro. De esta manera, la mente medirá el tiempo por eventos, marcados por cada uno de estos objetivos a cumplir.
Escribir un cuento, dibujar o pintar un cuadro, remodelar un lugar de la casa, ordenar estantes, componer una canción o melodía, etc. Cuando pasan cosas, el tiempo subjetivo va más rápido, y no se siente como el estar en una sala de espera del consultorio. A su vez, esto permite que el cuerpo se relaje, en vez de esperar que esto termine. Una recomendación para tal tarea es hacer una agenda de actividades, un diario, un cronograma de horarios.
Como cierre, el sueño nunca se ira totalmente porque es una de las formas que la mente se expresa, según lo han indicado miles de estudios. Lo que si se podrá cambiarle es su perspectiva. De esta manera, la cuarentena va a dejar de ser un continuo esperar a que esto termine, y va a ser más una oportunidad para realizar aquellos pendientes que teníamos desde hace tiempo, que quizás hubieran tardado años en realizarse. Como extra, el cerebro empezará a pensar diferente sobre esta realidad, y dejará de ser maquinado durante la noche.

