Ser Resiliente significa ser capaz de adaptarse a una situación adversa o traumática y salir de ella fortalecido. Charlamos con Sol Santos, quién fundó la ONG “Resiliencia” para ayudar a personas en situación de vulnerabilidad, junto con su familia y amigos.
¿Qué es resiliencia y qué significa ser resiliente?
Sol.- “Resiliencia” es un colectivo de personas que creemos en las segundas oportunidades, creemos que el lugar en donde naces o tu crianza no determina el lugar a donde podés llegar, y a su vez, creemos que la educación es una de las respuestas o uno de los caminos viables para el desarrollo y para mejorar la calidad de vida de las personas. A través de talleres socioeducativos buscamos la manera de proveer de otras posibilidades o caminos de vida a las personas para construir con ellos o con ellas diferentes posibilidades o vivencias.
El nombre “Resiliencia” significa poder sobrellevar los obstáculos o las dificultades a partir de la fuerza interna y del trabajo con otras y otros. Creemos que justamente las personas que tal vez nacieron o se encuentran transitoriamente en alguna situación de vulnerabilidad social, deben ser muy resilientes porque el contexto así lo requiere. La idea es justamente sumar a eso, poder aportar desde las diferentes herramientas y desde el espacio donde podamos construir con ellos caminos que sean más felices.
¿Qué los lleva a formar Resiliencia?
S.- Nosotros veníamos trabajando en una cárcel ya desde el 2015, haciendo talleres socioeducativos. Empezamos con mi mamá y fuimos sumando más amigos y amigas. En el 2018 cambió un poco la normativa en el penal: se necesitaban autorizaciones diferentes. Es cuando decidimos emprender y crear una ONG para poder tener este tipo de personería, que es el respaldo que nos pedía no solo la cárcel, sino otro tipo de instituciones donde también queríamos trabajar. Así fue que decidimos formalizar todos esos espacios preexistentes en los que ya veníamos trabajando y sosteniendo. Cómo todos los trámites jurídicos llevan tiempo, en el mientras tanto, empezamos a trabajar en otros espacios: en barrios, geriátricos y con la comunidad Padre Misericordioso que es para personas que están en situación de adicciones. Pudimos llegar a personas a las que tal vez antes no habíamos llegado. La idea es seguir en ese camino, trabajando en lugares donde el estado quizás no logra llegar o donde viene bien una mano.
La actividad principal de Resiliencia son los talleres, ¿qué tipo de talleres y en qué barrios específicamente trabajan?
S.- En cuanto a talleres hemos dado de todo un poco. Depende mucho de dos factores: por un lado los “talleristas” o voluntarios que se quieren sumar de acuerdo a habilidades, gustos y preferencias, y por otro lado depende de las necesidades de los espacios donde trabajamos. Muchas veces es a demanda, una asociación, o alguien que nos conoce y nos dice que necesita un taller de algo en particular. Yo por ejemplo he dado inglés, historia, talleres de alfabetización; es decir, talleres más académicos; pero en Padre Misericordioso me han dicho que las chicas querían moverse y terminé dando taller de baile.
No es que trabajaos en algún barrio en particular, sino que es un poco de boca en boca, donde nos necesiten. Por suerte se van sumando muchos voluntarios y los espacios también confían, eso nos ayuda mucho. Todo se basa en la confianza. Entre los espacios que nos abren la puerta y el corazón, los talleristas que lo van a dar todo, y las personas que asisten y que construyen ese espacio juntos.
¿Quiénes son esas personas que están en situación de vulnerabilidad?
S.- Es muy heterogéneo el grupo de personas con el que trabajamos. Pero a nivel general son personas que tal vez no tuvieron tantas oportunidades o, como yo lo llamaría personalmente, privilegios. Tal vez no terminaron la escuela, o no tienen un trabajo formal, o están en situación de adicciones donde es muy difícil salir solo o poder elegir un camino diferente cuando nunca te contaron todas las posibilidades y caminos que hay. Entonces si vos partís de un contexto muy vulnerable, donde lamentablemente no tuviste muchas opciones, es muy difícil elegir un camino distinto. En ese sentido, están muy agradecidos y agradecidas de que nosotros estemos ahí. Te esperan con mucho amor y el que aprende siempre es uno. Se construyen lazos muy importantes.
¿Crees que la sociedad prejuzga?
S.- Si, lamentablemente si. Obviamente no todos y todas. Son colectivos estigmatizados desde múltiples aspectos y medios. Todos somos personas y nuestras vivencias nos condicionan y el contexto en el que vivimos también, pero es muy lindo llegar a esos espacios y ver qué tan diferente es. Está genial poder sacarse ese imaginario y connotaciones porque hasta que no estamos ahí no tenemos ni idea de cómo es.
¿Qué es “Mate amargo, mate dulce”?
S.- Es el producto de un taller de literatura. Lo escribieron catorce personas en contexto de encierro y logramos publicarlo el año pasado. Para nosotros eso fue muy importante. En los talleres se hacen muchas cosas, pero poder tener algo en la mano y decir esto es el producto de un colectivo de personas y de días y días de trabajo, es increíble.
Lo presentó uno de los chicos que lo escribió y que ya estaba en libertad. Fue muy emotivo ver cómo te puede cambiar la vida formando parte de uno de estos talleres. Además, Lalo Mir hizo el prólogo y las imágenes de la portada son de “Rocambolé”.
La pandemia lamentablemente frenó todo. ¿Cómo se mantuvieron en contacto? ¿Pudieron trabajar?
S.- Fue muy difícil. Cómo trabajamos con colectivos que están en determinadas situaciones de vulnerabilidad, muchos no tienen internet ni celulares. Nuestro espacio de encuentro es siempre físico. Fue un desafío enorme, porque en muchos casos no teníamos como comunicarnos. Los espacios donde trabajamos fueron un nexo importante. Era imprescindible que ellos sepan que uno no los estaba abandonando y que apenas se pudiese íbamos a retomar. Progresivamente a medida de que vayan saliendo las respectivas autorizaciones, la idea es poder volver a la presencialidad.
En el mientras tanto ayudamos con comida, ropa, cuadraditos de lana para hacer mantas.
¿Cómo puede colaborar la gente?
S.- Nos pueden ayudar con donaciones de ropa de invierno, comida, juguetes y útiles escolares. Y también se pueden sumar como voluntarios, formando parte del grupo humano que ya se está preparando para volver a trabajar. Además pueden conseguir “Mate amargo, mate dulce”. Nos pueden escribir a nuestro Instagram: https://www.instagram.com/resilienciarosario/
¿Qué le dirías a la gente?
S.- Resiliencia es un proyecto muy abierto a todos y a todas las personas que creen que es posible mejorar la comunidad en la que vivimos. Somos agentes de cambio. No es necesario tener algún tipo de saber, uno va a dar cariño, tiempo, a dar lo que tiene y lo que no tiene también. Es una cuestión de voluntad y de tener ganas de disfrutarlo y abrirse a sorprenderse. Si estamos más unidos como sociedad, se pueden generar cambios positivos y reales. A través de nuestras acciones, es posible mejorar la calidad de vida de una persona.
Por María Belén Panessi.
