Los jefes ya se están clonando con inteligencia artificial: ¿qué viene después?

Los jefes ya se están clonando con inteligencia artificial: ¿qué viene después?

Directivos de grandes compañías tecnológicas comenzaron a crear “gemelos digitales” capaces de hablar, responder preguntas y participar de reuniones en su nombre. La tendencia promete cambiar la forma de trabajar, pero también abre interrogantes sobre identidad, confianza y responsabilidad.

Hasta hace poco, crear una copia digital convincente de una persona parecía una escena reservada para la ciencia ficción. Hoy empieza a convertirse en una herramienta empresarial.

Ejecutivos y fundadores están experimentando con sistemas de inteligencia artificial entrenados con su voz, imagen, escritos, entrevistas, reuniones y criterios de decisión. El resultado es una especie de clon o “gemelo digital” que puede representar parcialmente a la persona real.

El fenómeno ya dejó de ser solamente experimental. Empresas y ejecutivos están probando estas réplicas para atender consultas, comunicarse con empleados, realizar presentaciones e incluso participar de reuniones con inversores.

Zoom y Klarna mostraron el camino

Uno de los casos que más repercusión generó fue el de Sebastian Siemiatkowski, CEO de Klarna. La compañía utilizó un avatar generado mediante inteligencia artificial para presentar parte de sus resultados financieros.

La réplica reproducía tanto la imagen como la voz del ejecutivo y el propio avatar aclaraba que se trataba de una versión creada con IA.

Poco después, Eric Yuan, CEO de Zoom, utilizó su propio avatar durante la presentación de resultados de la compañía. Yuan participó personalmente de la sesión de preguntas, pero dejó las palabras iniciales en manos de su doble digital.

La visión de Zoom va incluso más lejos: Yuan lleva tiempo planteando un futuro en el que los trabajadores puedan disponer de gemelos digitales capaces de asistir a determinadas reuniones en su lugar.

Un “cerebro digital” del director ejecutivo

La siguiente etapa no consiste solamente en copiar una cara y una voz.

La empresa de indumentaria y equipamiento deportivo Salomon, por ejemplo, desarrolló un chatbot basado en su CEO, Guillaume Meyzenq, alimentándolo con documentos internos, comunicaciones, entrevistas y apariciones públicas.

El objetivo es que los empleados puedan realizar preguntas sobre estrategia, cultura o funcionamiento de la compañía y recibir respuestas similares a las que proporcionaría el propio ejecutivo. El proyecto todavía trabaja sobre uno de los grandes problemas de estos sistemas: evitar respuestas incorrectas o “alucinaciones” de la inteligencia artificial.

Otros ejecutivos están utilizando sistemas similares para recibir visitantes, responder preguntas o multiplicar su presencia dentro de las organizaciones.

El CEO podría estar en varios lugares al mismo tiempo

Aquí aparece la verdadera revolución.

Un ejecutivo dispone de una cantidad limitada de horas. No puede participar simultáneamente de diez reuniones, responder cientos de consultas internas y conversar individualmente con miles de clientes.

Su clon digital, técnicamente, sí podría hacerlo.

Una empresa podría disponer de decenas o cientos de instancias del mismo gemelo digital funcionando simultáneamente, cada una atendiendo una tarea diferente.

El concepto ya empieza a trasladarse a las reuniones. Sam Liang, CEO de Otter, ha trabajado sobre un avatar capaz de participar en encuentros, responder preguntas y posteriormente generar notas y resúmenes.

De copiar la apariencia a copiar las decisiones

La etapa más profunda llegará cuando estos sistemas no solamente reproduzcan cómo habla una persona, sino también cómo piensa y decide.

Para conseguirlo pueden utilizarse años de correos electrónicos, documentos, discursos, entrevistas, reuniones y decisiones anteriores.

Con suficiente información, una IA podría aprender patrones: qué proyectos suele aprobar un ejecutivo, qué riesgos está dispuesto a asumir, cómo responde ante determinados problemas o qué prioridades establece.

En ese punto dejaríamos de hablar simplemente de un avatar.

Estaríamos frente a una especie de delegado digital del ejecutivo.

Investigaciones recientes incluso comienzan a estudiar formalmente estos “clones de personalidad” y plantean una categoría intermedia: sistemas que no sustituyen completamente a una persona, pero pueden actuar como delegados limitados para determinadas tareas.

El gran problema será saber quién está hablando

La tecnología también abre una enorme discusión.

Si recibimos un mensaje del director de una empresa, ¿lo escribió realmente esa persona o su inteligencia artificial?

Si un clon autoriza una operación equivocada, ¿quién es responsable?

¿La empresa, el desarrollador del sistema o la persona cuya identidad está siendo reproducida?

También existe otro interrogante: ¿quién será propietario del gemelo digital?

Un ejecutivo podría abandonar una compañía después de años de haber alimentado una IA con sus conocimientos y decisiones. Determinar qué sucede entonces con esa copia será un nuevo desafío laboral y empresarial. Algunos ejecutivos que ya utilizan estas herramientas reconocen precisamente preocupaciones relacionadas con privacidad, propiedad de los datos y control de las réplicas digitales.

Del asistente personal al “segundo yo”

Durante los últimos años la inteligencia artificial avanzó desde sistemas capaces de escribir un correo o resumir documentos hacia agentes que pueden ejecutar tareas.

Los gemelos digitales personales podrían representar el siguiente salto.

Primero responderán consultas.

Después asistirán a reuniones.

Más adelante podrán negociar, analizar información y recomendar decisiones siguiendo los criterios de su propietario.

Y eventualmente podrían funcionar durante las 24 horas, atendiendo simultáneamente a clientes, empleados y proveedores.

La gran transformación quizás no sea que la inteligencia artificial reemplace inmediatamente a los directivos, sino algo más sutil: que cada persona pueda tener una versión digital trabajando en paralelo con ella.

Cuando eso ocurra, las empresas deberán responder una pregunta que hasta hace pocos años pertenecía a la ciencia ficción:

¿hasta dónde puede actuar nuestro clon antes de que deje de representarnos?