¿Qué tienen en común las compras online, la guerra Ucrania-Rusia y el desciframiento completo del genoma humano? El denominador común en cada uno de ellos es la Inteligencia Artificial. Un término muy difundido entre los ciudadanos pero sobre el que poco profundizamos aunque, como dijimos, atraviesa toda nuestra vida diaria.
Parece que las palabras “Inteligencia Artificial” revisten un misterio a descifrar en un momento donde prácticamente toda la tecnología que consumimos y utilizamos cuenta con ella. Desde los teléfonos celulares, internet, aplicaciones, artículos del hogar, programas, armamento bélico y militar, tecnología médica y farmacológica, hasta productos de la industria del agro, de la industria agropecuaria, y genética maximizan sus utilidades a través de la inteligencia artificial.
Volviendo al término del Big Data, está claro que éste remite a una gran cantidad de “data”, es decir, información. ¿Qué tipo de información? Todo tipo de información: webs, cuentas, usuarios, fotos, videos, documentos, audios, etc. Toda la información que durante años le hemos estado brindando de forma voluntaria a la web, o actualmente a las aplicaciones, y que se convierte en “data” una vez almacenada, interpretada y puesta a disposición de empresas, organismos, medios, etc.
De esta forma, ese almacén gigante de información o “Big Data” se procesa dentro de arquitecturas (lenguajes de programación que generan vínculos y relaciones entre la data recogida) y una vez programada de determinada forma, ese nuevo producto sirve para una infinidad de propósitos y de operatorias, siendo en la actualidad la más común la de funcionar como requisito previo para que opere la inteligencia artificial (IA).
Precisamente, la IA requiere de una base de datos sobre la cual operar, y la explosión y diversificación de la misma en los últimos veinte años se debe en gran parte a tecnología que ahora se encuentra disponible para los usuarios, habilitando la circulación “libre”, captura, almacenamiento y procesamiento de gran cantidad de “data”en los espacios virtuales.
¿Qué es, entonces, la Inteligencia Artificial? Es la ciencia e ingeniería detrás del diseño y la programación de determinada tecnología (computadoras, programas, aplicaciones, artefactos, etc) capaz de imitar la inteligencia humana. Una discusión al interior de esta ciencia sostiene la idea de que la Inteligencia Artificial no debe parecerse, ni se parecerá jamás a la inteligencia humana, puesto que los componentes de lo que conocemos como “máquina” son diferentes. Por ejemplo, la memoria humana puede desarrollarse a lo largo de la vida de una persona gracias a que existen los “olvidos”.
El olvido es fundamental para el desarrollo de la capacidad cognoscitiva de un ser humano, puesto que realiza un proceso de discriminación útil para la vida: se recuerda la información importante y se descarta la innecesaria. Aquí también juega un papel importante la sociedad en la que la persona desarrolle sus actividades: lo que importante en un entorno cultural puede no serlo en otro.
El proceso que realiza una máquina para componer su memoria es muy distinto: una máquina no olvida, acumula información, en tanto y en cuanto se expanda artificialmente su memoria programada. Esa acumulación de datos hace que no exista un descarte medido por “el componente social”. En todo caso, el componente social, al cual hacemos referencia, es la persona a cargo de la programación de la “máquina”, la cual puede eliminar información, reprogramar y darle un nuevo sentido a la composición.
Sin embargo, cuando hablamos de la actualidad de la inteligencia artificial, es necesario indicar que la ingeniería detrás de la misma es hoy más compleja, eficiente y eficaz que nunca. Pasa mayormente desapercibida en nuestra vida cotidiana, porque se utiliza tanto en las pequeñas cosas, como puede ser el comando de voz o el reconocimiento facial del teléfono, el targeting de la publicidad de una página web, los teclados predictivos, la geolocalización, así como en las grandes cosas, en tecnología más sofisticada como son los misiles hipersónicos utilizados en la guerra europea, la descomposición y clasificación de proteínas en el análisis del genoma humano, los implantes cerebrales y vertebrales que permiten la movilidad a parapléjicos y tetrapléjicos, los automóviles autónomos, y las ciudades inteligentes.
El futuro de la Inteligencia Artificial si bien es incierto, es medianamente previsible. Cada vez más la IA se está convirtiendo en un aliado de la industria médica , así como de la industria automotriz, genética, climatológica, farmacológica, agropecuaria, etc.
Solamente en Argentina entre comienzos del 2020 e inicios del 2022, 19 de las 30 empresas más importantes del país invirtieron e incorporaron Inteligencia Artificial. Más del 60% de las organizaciones se encuentra en fase exploratoria para incorporar algún tipo de IA en algunos de los procesos o niveles de producción de su industria u organismo. Se calcula que para el 2025 el 50% de las interacciones entre consumidores y organizaciones dependerá de este tipo de tecnología.
