Que hare dentro de unos meses, como nos sentimos cuando miramos hacia atrás y ver que todo lo que viviste es un mero recuerdo y solo sirve como aprendizaje.
Quien nos diría hoy que echamos de menos ese café de ratos libres compartido con seres queridos, o tomar mate en la arena o en el parque, las pintas compartidas y la rueda de amigos.
Quien nos diría que en segundos, nuestro querido país se uniría salvando diferencias sociales, religiosa y políticas que veríamos la argentina unida que no podíamos lograr y veríamos la Argentina solidaria, incluso con nuestras amada Malvinas integrada. La Argentina con miles de jóvenes solidarios, listos ayudar a sus adultos que lo necesitan, empezamos a darnos cuenta cuantos abrazos nos faltaron cuantos te quiero, cuantos como estas, cuantos buenos días vecino, hola necesitas algo…………..
Nos dimos cuenta que los ancianos, que muchos de ellos están solos y no entienden mucho que un bicho invisible los ataque y no puedan seguir con sus rutinas y que es probable de seguir haciendo sus vidas normales, se pueda ir con ello la vida.
Reflexiono que podemos hacer, viviendo en un mundo de consumismo y de egoísmo personal que muchos no entienden que esto es una emergencia y que hay que mirar más por los demás y guardar el yo personal o como el yo quiero ver las cosas (Yo no lo tengo, yo no aguanto más la cuarentena) ya no hay tiempo para esos pensamientos
Acaso alguno se puso a pensar que pasa, que piensa la persona que esta contagiada, que me pasaría en ese aislamiento, en esos miles que han dado positivo que están en un hospital aislados, que van viendo como su salud se desvanece, como quizás su compañero de al lado se está muriendo o como ese rosarino de 58 años, que se despidió en Milán de su compañera por un audio antes que lo entubasen y dos días después solo un chat “lo sentimos mucho” y nosotros que nos enojamos solo por un confinamiento en nuestros hogares y buscamos excusa de guerras capitalista que nos ocultan la verdad (diría el negro Fontanarrosa) del BOLUDO que ni semejante desastre lo hace crecer.
Basta ya pensemos en los miles de muerto y por otras causas también, que nos han podido siquiera tener un digno funeral o una despedida familiar, porque recordemos que las reuniones no está permitidas y quien le da consuelo a aquellos que han perdido a un ser querido y no pueden recibir un mísero abraso, una pequeña caricia o un simple beso de despedida.
Dejemos de usar ese dichoso pronombre de primera persona del singular (yo) y seamos más amables y más simpáticos con el personal sanitario, con las fuerzas de seguridad, con los trabajadores del supermercado, que se desviven y se exponen todos los días y trabajan con voluntad y ganas, mientras nosotros estamos escuchando música, o wasapeando, mirando la tele tirados en el sofá y quejándonos porque no tenemos más cosas para ver.
Que hay futuro, que vamos a salir, eso está más que claro pero va ser con el esfuerzo de todos, no de unos pocos
