El aislamiento social puso en jaque a muchos empleos, que han tenido que suprimir el viaje diario, para encontrar un espacio dentro del hogar para cumplir con sus respectivas tareas. Para algunos ha requerido un gran esfuerzo, ya sea desde encontrar tranquilidad en la convivencia, como para poder concentrarse.
Aunque existen empresas que tienen sistemas bien implementados, y son pro teletrabajo, una gran parte no estaba preparada para este suceso y apeló a recursos poco ortodoxos. Así, uno de las polémicas ha sido la organización de los horarios. Hay quienes pueden asegurar que definitivamente se trabaja más, debido a la hiperconexión, que puede provocar jornadas full time.
Empleados que están todo el día con el teléfono en la oreja, correos que llegan en cualquier momento, jefes que escriben en todo horario. El tiempo que se dedica al trabajo en la vivienda permite que cada día sea laboral, incluso cuando tocan los descansos. A esto se le agregan los diferentes horarios de trabajo de los miembros de cada organización, las dificultades para autogestionarse en un nuevo escenario, y la ausencia de insumos y recursos que se encuentran en el espacio laboral.
En suma, ventas por comercio electrónico, trámites de servicios, consultas y reclamos; llegan a cualquier horario, y los que deben responder a sus clientes se encuentran con saturación de mensajes. En otras palabras, el acceso digital que tienen las personas, permite recurrir a otros y buscarlos en cualquier momento del día.
No podemos olvidarnos de los requisitos para poder trabajar a distancia. Electricidad, buena conexión a Internet, dispositivos con cámara y micrófono. Si bien parecen una obviedad en estos años, es una disposición que corre por cuenta propia de cada empleado, y pueden no ser los recursos necesarios para realizar el trabajo. Además, hay ocasiones donde la diferencia entre los elementos del hogar con los de la oficina son notables, y hacen la labor más complicada o extensa.
Ansiedad, estrés, cambios de rutina, alteración del sueño son algunos de los malestares que se han expandido en esta cuarentena. Se le puede sumar la difícil tarea de la convivencia constante con la familia, y la mantención de los hijos en la escuela, sin dejar de lado las necesidades de compras y atención a la casa.
En el caso de los docentes quizás la experiencia sea aún peor. De un momento para el otro todos se vieron obligados a cambiar su forma de dictar clases. No sólo se manifestaron así las diferencias con respecto a la escuela presencial, sino que obligó a profesores y alumnos a adaptarse a herramientas digitales, que algunos jamás habían visto. Algunos han sido más creartivos, mientras que otros recurrieron a grupos de WhatsApp y Facebook, por considerarlas plataformas conocidas.
En todos los casos, el factor común es que por ser digital, hay una creencia de que todos están siempre disponibles, y que por estar en sus casas, están con tiempo para los que se le pide. Si bien el teletrabajo es el futuro, y no hay una respuesta clara de cuándo terminará la pandemia y el aislamiento obligatorio, lo que se ha puesto de manifiesto es cómo ha cambiado la forma de trabajar de gran parte de la población, que jamás se esperó adaptarse a este contexto.
