Miércoles, 29 Julio 2020 21:51

Veinte años sin Favaloro, veinte años de impunidad burocrática Destacado

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El sábado 29 de julio de 2000, el gran cardiocirujano se paró frente al espejo de su baño, apoyó el arma contra su pecho y disparó. Tenía 77 años.

Hoy se cumplieron veinte años de una tragedia con los mismos culpables de siempre: la apatía y corrupción de una clase política que, a la fecha, sigue ejerciendo el poder de la misma forma, en plena crisis sanitaria.

Favaloro nació en 1923 en la ciudad de La Plata, y a los cuatro años ya manifestaba sus ganas de “ser doctor” y de trabajar en el campo de la salud.

En 1949, se graduó en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP. Su absoluta vocación, ya notable en tiempos de residencias, lo llevó a servir en Jacinto Arauz, un pueblito de La Pampa. Asistiendo junto a su hermano, lograron reducir la mortalidad infantil, organizar planes para evitar la desnutrición y pusieron en marcha el primer banco de sangre para donaciones.

Tras doce años de medicina rural, viajó a Cleveland Clinic, un centro médico-académico en EEUU, pionero en cirugías. Permaneció allí durante una década, revisando una y otra vez las experiencias con diversos pacientes, hasta que en 1967 advirtió la posibilidad de emplear la vena safena en las cirugías de corazón. La técnica, que luego sería conocida como “bypass aortocoronario” constituyó el trabajo emblemático de su trayectoria. Actualmente, se realizan millones de intervenciones en el mundo siguiendo la técnica del doctor platense.

En 1971 René Favaloro decidió regresar a la Argentina con el propósito de crear en Buenos Aires un centro de excelencia en cirugía cardiovascular que combinara asistencia médica, docencia e investigación. Su sueño se materializó finalmente en 1975 con la creación de la actual Fundación Favaloro (FF), uno de los centros médicos más prestigiosos de América Latina. Sin embargo, ya entonces debió lidiar con la corrupción del sistema sanitario y político, como expresaría en una de las siete cartas que dejó antes de suicidarse:

Debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza)”, detalló.

La Fundación recibía a pacientes de todo el país, incluso derivaciones de obras sociales. Para el año 2000 su accesibilidad le había representado un agujero económico imposible de sortear. La suma de las pequeñas deudas de prestadores y obras sociales ascendía a 18 millones.

Ya entonces la Fundación reclamaba una deuda por dos millones de dólares al PAMI, en ese momento encabezado por Horacio Rodríguez Larreta, cuya asesora y mano derecha era una joven María Eugenia Vidal.

El 28 de julio, apenas un día antes de la tragedia, Favaloro le había escrito una carta al entonces presidente Fernando de la Rúa, pidiéndole su ayuda mientras esperaba que los deudores cumplieran con los pagos. Entre esos morosos, el más importante era el PAMI. No tuvo respuesta (de la Rúa recién se enteró de la carta tras el suicidio del cardiocirujano), como sucedió con otras tantas que, desesperado, envió a entidades nacionales, provinciales y empresarios.

En sus últimas misivas, el reconocido cardiocirujano también exponía la corrupción reinante en dicho organismo y la connivencia entre los sindicatos, los gremios y los facultativos:

¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica“.

La deuda consistía en 195 facturas que el PAMI, durante la gestión de Víctor Alderete, se negaba a recibir. En la última reunión llevada a cabo entre Favaloro y el organismo, el PAMI le propuso realizar una “conciliación obligatoria” para verificar “caso por caso las historias clínicas correspondientes a cada una de las 195 facturas” a fin de corroborar la prestación de los servicios cuyos pagos eran reclamados.

La verificación contable tuvo lugar el 18 de julio de 2000, donde se comprobó la existencia de las 195 facturas reclamadas, y 3 días después PAMI solicitó la realización de una auditoría interna. La burocracia volvió a ganar y el 29 de julio Favaloro ya no aguanto más la situación y se disparó al corazón. “Estoy cansado de luchar, luchar y luchar, galopando contra el viento, como decía don Ata. No ha sido una decisión fácil, pero sí meditada” dejó escrito de su puño y letra.

Unos meses después Horacio Rodríguez Larreta fue acusado penalmente por “defraudación” e “incumplimiento de los deberes de funcionario público” al direccionar la compra de vacunas antigripales para el PAMI, junto a Cecilia Felgueras (anterior interventora del PAMI) y Daniel Tonierro (reemplazante de Rodríguez Larreta al ser removido del cargo). Exactamente el tipo de corrupción denunciado por Favaloro.

Veinte años, la situación parece ser la misma, e incluso peor. La corriente pandemia por el COVID-19 reveló, una vez más, la crítica situación del sistema sanitario argentino, siempre al borde del colapso. Larreta es Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el mayor infeccioso del país.

Ya lo dijo el sobrino de Favaloro, Roberto: “Creo que, si René renace, se pega un tiro. Aumentó la corrupción de una forma increíble”.

 

 

Firma: Julián Romano.

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