Canasta básica: una familia necesitó $1.360.299 en enero para no ser pobre

Canasta básica: una familia necesitó $1.360.299 en enero para no ser pobre

Una familia tipo integrada por dos adultos y dos niños necesitó en enero de 2026 $1.360.299 para no ser considerada pobre en la Argentina, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Por Martín Ríos

Para no caer en la indigencia, ese mismo hogar debió reunir $623.990.

El dato confirma que, aun con una desaceleración inflacionaria en el arranque del año, el costo de sostener ingresos mínimos sigue en niveles históricamente elevados para gran parte de la población.

Cómo evolucionaron las canastas

La Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide el umbral de la indigencia, registró en enero una suba mensual del 5,8%, mientras que la Canasta Básica Total (CBT), que define la línea de pobreza, aumentó 3,9%.

En términos interanuales, la CBA acumuló un incremento de 37,6%, y la CBT, de 31,6%.

El dato adquiere relevancia porque se conoció pocos días después del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que marcó en enero una inflación mensual del 2,9% y una variación interanual del 32,4%. Es decir, la canasta alimentaria creció muy por encima del promedio general de precios.

Qué ingresos se necesitan

Según el informe oficial:

  • Un adulto necesitó $201.939 para no ser indigente.

  • Una familia tipo requirió $623.990 para superar esa línea.

  • Un adulto solo necesitó $440.226 para no ser pobre.

  • Una familia de cuatro integrantes debió alcanzar los $1.360.299 para evitar quedar bajo la línea de pobreza.

Estos números reflejan ingresos netos mínimos, es decir, lo estrictamente necesario para cubrir alimentación, transporte, educación, salud, vestimenta y otros bienes y servicios básicos.


Mirada federal: el impacto en el interior productivo

Desde una perspectiva federal, el debate no se agota en la cifra nacional. La canasta que mide el Indec corresponde al Gran Buenos Aires y luego se proyecta a otras regiones, pero en el interior la dinámica de precios y salarios presenta diferencias significativas.

En provincias como Santa Fe, Córdoba o Mendoza —con fuerte peso industrial y agroexportador— los salarios formales suelen ubicarse por encima del promedio nacional en algunos sectores, pero el costo de vida también muestra tensiones propias.

En ciudades como Rosario o Santa Fe capital, el precio de los alimentos frescos, los alquileres y los servicios tuvo incrementos relevantes durante el último año. La presión sobre el ingreso familiar no se explica solo por la inflación general, sino por la estructura de consumo local y la pérdida acumulada de poder adquisitivo en años previos.

Brecha entre salario y canasta

El problema central no es únicamente la variación mensual, sino la brecha entre ingresos reales y costo de la canasta.

En muchas provincias, el salario promedio del sector privado registrado apenas supera el umbral de pobreza para una familia tipo. En el sector informal, directamente queda por debajo. Esto genera un fenómeno creciente: trabajadores formales que, aun con empleo, rozan la línea de pobreza.

La desaceleración inflacionaria es una condición necesaria para estabilizar, pero no suficiente. Sin recomposición real de ingresos y sin expansión del empleo productivo, el piso de la pobreza se convierte en un techo difícil de superar.

Un desafío estructural

El dato de enero muestra una paradoja: mientras la inflación mensual baja, la canasta alimentaria sube por encima del promedio. Esto impacta especialmente en los sectores de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de su salario a alimentos.

El desafío hacia adelante no será solo sostener la desaceleración del IPC, sino evitar que los rubros esenciales —comida y vivienda— se desacoplen del promedio general.

Porque detrás de cada cifra hay una realidad concreta: una familia necesita hoy más de 1,36 millones de pesos mensuales para no ser pobre. Y en buena parte del interior del país, esa cifra aún está lejos del ingreso efectivo de miles de hogares.