Las compras en supermercados y alimentos acumulan una caída superior al 20%, mientras los hogares destinan cada vez más ingresos al pago de impuestos y servicios.
Un informe advirtió que las compras de alimentos y en supermercados profundizaron su retroceso, mientras crece el peso de impuestos y servicios en los gastos mensuales de las familias.
El consumo volvió a mostrar señales de debilidad durante mayo y encendió nuevas alertas en el comercio. Según un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, las compras en supermercados y alimentos acumularon en el último año una caída superior al 20%, convirtiéndose en uno de los rubros más afectados por el ajuste en los hogares.
El relevamiento indica que los consumidores modificaron sus hábitos de compra y comenzaron a migrar desde las grandes cadenas hacia comercios de cercanía y quioscos, especialmente en los sectores de menores ingresos. Esta conducta responde a la necesidad de realizar compras más pequeñas y ajustadas al dinero disponible día por día.
A la caída de los alimentos se suma otro dato preocupante: el pago de impuestos y servicios ganó participación dentro del presupuesto familiar. Mientras los hogares reducen gastos en bienes de consumo, las obligaciones fijas ocupan cada vez más espacio en los ingresos mensuales.
El informe también señala que rubros como indumentaria, electrodomésticos, informática y juguetería se mantienen en zona de contracción, al ser considerados consumos postergables. En cambio, el comercio electrónico conserva una evolución positiva, aunque todavía insuficiente para compensar la baja de las ventas presenciales.
En este escenario, el consumo sigue sin encontrar un impulso firme para volver a los niveles previos a 2023. La prioridad de muchas familias continúa concentrada en cubrir alimentos, servicios e impuestos, dejando en segundo plano otros gastos no esenciales.
