Los alquileres, los servicios y los ingresos insuficientes dificultan la autonomía económica. Un informe estima que 140.000 jóvenes debieron frenar sus planes de independencia. . "Antes se ahorraba para acceder a un terreno, hoy se pide un préstamo para pagar el celular”.
Dejar el hogar familiar se convirtió en un proyecto difícil de concretar para miles de jóvenes argentinos. La distancia entre los ingresos y los gastos necesarios para vivir de manera independiente obliga a revisar planes, compartir vivienda o regresar a la casa de los padres.
Los datos de un relevamiento de Analytica indican que la proporción de jóvenes de entre 18 y 29 años que viven de forma autónoma bajó al 23,3%. Esa condición no significa necesariamente ser propietario: también comprende a quienes sostienen un hogar mediante un alquiler.
El estudio estima que 140.000 jóvenes debieron dar marcha atrás en sus proyectos de independencia, ya sea porque regresaron al hogar familiar o porque postergaron una mudanza.
Alquilar y ajustar todos los gastos
Las historias personales muestran cómo esas dificultades modifican la vida cotidiana. Liliana Herrera, de 26 años y estudiante de Abogacia, relató que llegó a pagar $510.000 de alquiler y $250.000 de expensas por una vivienda en Pichincha. Para afrontar esos gastos redujo salidas y consumos, y terminó modificando su alimentación. Mientras busca empleo, también recibe ayuda de su familia.
Camila volvió a vivir con su madre en Arroyito al finalizar el contrato. Su sueldo no le permitEchesortuía sostener el alquiler de un monoambiente y cubrir los demás gastos del mes.
En Echesortu, Alejandro enfrenta otra dificultad: tiene dos trabajos, como administrativo de una escuela y docente de inglés, pero aseguró que sus ingresos todavía no le permiten mudarse. Vive con su madre y contribuye al pago de los servicios. También expreso En ese sentido, expresó que cuando era adolescente, sus primos más grandes vivían una realidad distinta. "Antes se ahorraba para acceder a un terreno, hoy se pide un préstamo para pagar el celular”, contó.
La vivienda pesa más en el presupuesto juvenil
La canasta calculada para un joven que vive solo acumuló un incremento del 387,9% desde noviembre de 2023 hasta el período considerado por el informe. Dentro de ella, el rubro de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentó un 637,9%.
El relevamiento ubica el peso de la vivienda y los servicios en el 26,6% del presupuesto de un joven independiente, frente al 13,5% de la estructura de gasto general utilizada como comparación.
A los gastos mensuales se suman los recursos necesarios para ingresar a una propiedad: garantías, depósito, mudanza y equipamiento básico. Reunir ese dinero representa una barrera adicional para quienes tienen poca capacidad de ahorro.
El empleo tampoco garantiza la autonomía
La tasa de desocupación entre los menores de 30 años se ubica en el 15%, de acuerdo con los datos citados en el informe.
Entre quienes trabajan, apenas el 38,3% de los ocupados menores de 29 años cuenta con empleo registrado, una caída de 5,3 puntos porcentuales respecto del registro de un año atrás.
La informalidad dificulta acreditar ingresos para acceder a un contrato de alquiler y agrega incertidumbre sobre la continuidad de los recursos disponibles.
Incluso entre los trabajadores registrados se observa un deterioro: el salario real juvenil cayó un 9,1% desde 2023, medido en relación con la canasta específica de ese grupo. Los cuentapropistas del mismo segmento perciben, en promedio, ingresos un 51,4% inferiores a los de un asalariado formal de su edad.
Compartir vivienda y resignar comodidades
La dificultad para afrontar los gastos de manera individual también aparece en el mercado inmobiliario.
Un operador de Avellaneda señaló que, entre sus clientes, predominan las parejas sobre las personas que buscan alquilar solas. Según su experiencia, quienes necesitan reducir el presupuesto suelen resignar primero la modernidad de la propiedad, luego la cantidad de ambientes o metros cuadrados y, finalmente, aspectos como la ubicación y los espacios exteriores.
Se trata de una experiencia particular, que ilustra las decisiones que algunos inquilinos deben tomar para encontrar una vivienda compatible con sus ingresos.
Deudas y una independencia que se demora
El endeudamiento agrega presión. Según las estadísticas financieras recopiladas por el estudio, el 39,1% de los deudores de entre 18 y 30 años registra algún atraso en sus pagos, frente al 28,3% del conjunto considerado.
Las dificultades habitacionales también alcanzan a edades mayores. Otro relevamiento, elaborado a partir de la Encuesta Permanente de Hogares, señala que el 37% de las personas de entre 25 y 35 años vive con sus padres, alrededor de 2,5 millones de personas. La convivencia familiar, por sí sola, no permite determinar el motivo de cada caso.
Para quienes desean mudarse, el desafío consiste en sostener mucho más que un alquiler: alimentación, transporte, servicios y gastos inesperados. Cuando los ingresos no alcanzan para cubrir ese conjunto, la independencia queda postergada.
