La Argentina discute hoy salarios, empleo y “modernización” sin terminar de nombrar el problema de fondo: su matriz económica. Qué produce el país, quién genera dólares, quién crea empleo y cómo se reparte el valor.
En Santa Fe y Rosario, donde conviven puertos globales con pymes locales, esa tensión se ve antes y con más crudeza.
Un pasado productivo con mercado interno
Durante buena parte del siglo XX, la economía argentina combinó agroexportación con industrialización y un Estado activo que protegía el empleo y el salario. Ese equilibrio —imperfecto— sostuvo un mercado interno vigoroso y una clase media en expansión. Rosario fue emblema: industria, comercio, logística y servicios creciendo alrededor del puerto.
El límite fue conocido: dependencia de dólares del agro y dificultades para competir afuera con valor agregado. Aun así, el entramado productivo local dejó capacidades que todavía existen.
La ruptura: financiarización y desindustrialización
Desde mediados de los ’70, y con fuerza en los ’90, la matriz giró hacia la apertura abrupta, el endeudamiento y la financiarización. La industria perdió peso, el empleo se precarizó y el agro volvió a ser el proveedor casi exclusivo de divisas. Santa Fe no fue ajena: menos industria, más vulnerabilidad ante shocks externos y una brecha creciente entre sectores.
El presente: una matriz fragmentada
Hoy la Argentina funciona con una matriz incompleta. Los sectores que generan dólares no son los que generan empleo masivo:
- Dólares: agro, energía (Vaca Muerta), minería (litio), economía del conocimiento.
- Empleo: pymes industriales, comercio, construcción y servicios locales.
En Santa Fe esto es evidente. El Puerto de Rosario y el complejo agroexportador empujan exportaciones, mientras las pymes del Gran Rosario ajustan márgenes y empleo. La economía del conocimiento crece en polos urbanos, pero aún no compensa la pérdida de puestos industriales.
Resultado: crecimiento con tensión, salarios presionados y debates laborales permanentes.
Tres caminos posibles (y uno estratégico)
- Primarización eficiente: más agro, energía y minería. Dólares rápidos, menos empleo y mayor desigualdad.
- Economía dual (el escenario actual): sectores modernos que exportan y un mercado interno frágil. Inestabilidad crónica.
- Matriz integrada (la apuesta estratégica): agro + industria + conocimiento, con valor agregado, pymes integradas a cadenas exportadoras y un Estado inteligente que coordine.
Para Santa Fe, la tercera opción es la que mejor aprovecha capacidades existentes: logística, industria, conocimiento y territorio. No es la más fácil, pero es la que sostiene empleo y dólares a la vez.
Trabajo, productividad y derechos: el nudo
La discusión no es “Estado sí o no”. Es productividad con derechos. Rosario y Santa Fe necesitan reglas laborales que acompañen la tecnología y la flexibilidad sin licuar el piso social. Competir bajando salarios es un atajo; subir productividad es una estrategia.
Decidir el rumbo
La Argentina no es inviable. Tiene recursos, talento y nodos productivos. Lo que falta es una decisión de matriz. Santa Fe y Rosario ya muestran el dilema en tiempo real: puertos fuertes y pymes débiles. Integrar esa ecuación es la tarea de la próxima década.
El futuro no se juega en un sector aislado, sino en cómo se conectan. Y esa conexión es, antes que técnica, política.
