El modelo de vivienda colaborativa gana terreno en el mundo y empieza a desarrollarse en Argentina como respuesta al aislamiento, la soledad y la necesidad de una vejez más activa y acompañada.
Por: Carolina Méndez
En un contexto donde el envejecimiento poblacional es cada vez más evidente, el concepto de cohousing —o vivienda colaborativa— comienza a instalarse como una opción innovadora para la tercera edad. Se trata de comunidades diseñadas y gestionadas por sus propios residentes, donde cada persona mantiene su independencia, pero comparte espacios, actividades y decisiones con otros.
Este modelo, que ya está consolidado en países como Dinamarca, España y Estados Unidos, busca romper con el esquema tradicional de residencias geriátricas o el aislamiento en viviendas individuales.
A diferencia de los hogares para adultos mayores, el cohousing propone un enfoque más activo: los residentes viven en unidades privadas (departamentos o casas), pero comparten espacios comunes como cocinas, jardines, salas de recreación y talleres.
Además, participan en la toma de decisiones y en la organización de la vida cotidiana, lo que fortalece la autonomía, el sentido de pertenencia y la salud emocional.
Entre sus principales beneficios se destacan:
- Reducción de la soledad y el aislamiento
- Mayor seguridad y acompañamiento cotidiano
- Estímulo social y emocional
- Posibilidad de envejecer de forma activa
En Argentina, el cohousing todavía está en una etapa inicial, pero ya existen algunas experiencias y proyectos en desarrollo, principalmente en ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Bariloche.
Uno de los casos más conocidos es el proyecto impulsado por la Fundación Pilares, que promueve comunidades colaborativas para adultos mayores basadas en la autogestión y la vida en comunidad.
También comienzan a surgir grupos de personas que, de manera independiente, se organizan para desarrollar sus propios espacios, inspirados en modelos internacionales.
Especialistas en salud y envejecimiento coinciden en que el cohousing puede ser una herramienta clave para mejorar la calidad de vida en la tercera edad.
El contacto social frecuente, la participación activa y la sensación de pertenencia impactan directamente en la salud mental, reduciendo el riesgo de depresión, deterioro cognitivo y aislamiento.
Además, este modelo permite compartir gastos y organizar servicios de cuidado de manera más accesible y personalizada.
Aunque aún enfrenta desafíos —como el acceso al financiamiento, la falta de regulación específica y el desconocimiento general— el cohousing aparece como una alternativa con potencial de crecimiento en Argentina.
En un país donde cada vez más personas llegan a la vejez en soledad o con redes familiares más reducidas, este tipo de iniciativas propone repensar el modo de vivir esa etapa: con autonomía, comunidad y bienestar.
Por: Carolina Méndez
