Crecieron los viajes en todo el país, aunque el consumo cayó fuerte por el ajuste económico.
El fin de semana largo de Semana Santa dejó una postal que ya empieza a repetirse en la Argentina: más personas viajando, pero con el bolsillo cada vez más ajustado. Según datos del sector, más de 2,8 millones de turistas se movilizaron por el país, un 5,6% más que el año pasado, aunque el gasto real registró una fuerte caída.
Detrás de ese crecimiento en la cantidad de viajeros aparece un cambio profundo en la forma de consumir. Las escapadas fueron más cortas, con una estadía promedio de apenas 2,6 noches, y con un gasto diario más moderado. En términos reales, el impacto económico total cayó casi un 19%, reflejando una tendencia clara: viajar sí, pero gastando lo justo.
Este comportamiento habla de una sociedad que no resigna el descanso ni el ocio, pero que adapta sus decisiones al contexto económico. Se priorizan destinos cercanos, propuestas gratuitas o de bajo costo y experiencias más simples. En lugar del turismo tradicional, crece el “viaje inteligente”, donde cada gasto se evalúa y se optimiza.
También cambió la forma de planificar. Cada vez más personas recurren a redes sociales, recomendaciones o incluso herramientas de inteligencia artificial para encontrar precios más accesibles y organizar sus itinerarios. La búsqueda ya no es solo por destino, sino por conveniencia.
A pesar del ajuste, destinos clásicos como Mar del Plata, Bariloche, Salta e Iguazú se mantuvieron entre los más elegidos, mientras que otros lugares menos masivos ganaron protagonismo al ofrecer alternativas más económicas y tranquilas.
El dato de fondo es claro: el turismo sigue siendo una necesidad emocional y cultural para los argentinos, pero hoy está atravesado por una lógica de cuidado del bolsillo. Viajar ya no es sinónimo de gastar más, sino de elegir mejor.
