El avance de las tecnologías ha modificado el modo de informar. De la cámara y la grabadora, pasamos al celular. Con quiero no afirmó que se hayan “extinguido” pero si vamos al caso, en su mayoría utilizan el celular como herramienta para informar. Las redes sociales también lo han hecho, cada una de acuerdo a su capacidad. Sin embargo, el afán por tener “la primicia” ha llevado a más de una vez, publicar noticias sin ser corroboradas previamente lo que trajo consigo: críticas, prejuzgamiento, pánico entre otras repercusiones.
Hace unos días, dos chicas difundieron un vídeo de un colectivo estacionado frente a su casa y a su conductor deambulando por la vereda e intentando subir nuevamente a la unidad. En dicho video, expresan que el chófer estaba alcoholizado. La verdad, lo que realmente pasaba era que estaba sufriendo un ACV (accidente cerebrovascular) lo que generó un gran malestar en la familia del conductor.

Otro caso, sin ir más lejos, un joven denunció que lo “escracharon” por incumplir la cuarentena y ser portador del COVID19. Tomás Duarte se comunicó con el SIES para advertir que tenía síntomas compatibles con la enfermedad por lo cual se realiza el protocolo de emergencia y llega una ambulancia lo que genera un revuelo en el barrio. Se le hace el test correspondiente y esa misma noche recibe un falso llamado en donde le informan que el resultado había dado positivo cuando la prueba hecha por lo médicos dio negativo. De allí, su imagen se divulgó por WhatsApp acompañado de audios que reflejaban sus datos personales y la noticia de que había dado positivo.
Por todo esto, hay que tener cuidado con lo que publicamos. Si vamos a contar un hecho por redes sociales, hagámoslo con responsabilidad. No nos dejemos llevar por lo que se ve o por lo que se escucha ya que caemos no solo en la desinformación sino que podemos perjudicar a la otra persona por el simple hecho de no explicar realmente cómo fueron los hechos.
Nota escrita por Mayra Britez.
