Un estudio del IERAL de la Fundación Mediterránea detectó una economía a dos velocidades: comer y contratar determinados servicios vuelve a resultar relativamente más caro frente al exterior, mientras autos, electrodomésticos, ropa y otros bienes reducen parte de la histórica brecha de precios.
Los precios argentinos vuelven a mostrar una particular paradoja. Los alimentos, las bebidas y los servicios se están encareciendo medidos en dólares, mientras que los bienes durables avanzan en sentido contrario y reducen su diferencia respecto de otros países.
El diagnóstico surge del último relevamiento del IERAL de la Fundación Mediterránea, que compara una canasta de productos y servicios de Argentina con otros nueve países: Brasil, Chile, México, Estados Unidos, Francia, Polonia, Australia, China y Corea del Sur.
La comida vuelve a resultar cara
En alimentos y bebidas, Argentina resultó más cara en el 48% de los casos relevados durante agosto, frente al 47% de mayo.
El dato adquiere mayor importancia al observar la evolución: en marzo de 2025 esa proporción alcanzaba el 53%, había descendido hasta 39% en diciembre de 2025 y ahora volvió a subir. Es decir, parte de la mejora obtenida durante el año pasado comenzó a revertirse.
Entre los productos que mostraron un encarecimiento relativo durante el último trimestre aparecen papas, bebidas gaseosas, cerveza y arroz blanco.
Los servicios siguen el mismo camino
Una tendencia semejante aparece en los servicios personales y familiares.
Argentina era más cara que los países comparados en el 32% de los casos en diciembre de 2025. En agosto de este año esa proporción llegó al 38%.
El comportamiento, sin embargo, no es uniforme. Algunos servicios, como gimnasio, educación preescolar, combustible y taxi, mantienen valores relativamente competitivos, mientras comer en un restaurante o contratar telefonía celular aparece más caro en la comparación internacional.
¿Por qué ocurre?
Una de las claves está en el tipo de cambio real. El informe señala que durante 2026 la apreciación del peso comenzó a revertir parte del abaratamiento relativo conseguido durante 2025.
Cuando los precios internos aumentan más rápidamente que el dólar, los productos y servicios argentinos se encarecen expresados en moneda estadounidense, incluso aunque el consumidor local continúe pagando en pesos.
El IERAL señala que el Tipo de Cambio Real Multilateral se encuentra aproximadamente 40% por debajo de su promedio histórico de largo plazo.
La excepción: autos, electrodomésticos, ropa y calzado
El movimiento resulta diferente en los bienes durables, indumentaria y calzado.
Argentina continúa siendo cara: en agosto presentó el precio más alto en el 74% de los productos analizados. Pero la evolución muestra una mejora importante, porque esa proporción llegaba al 96% en marzo de 2025.
Según el estudio, tres factores explican buena parte de esta reducción: mayor apertura comercial, menores trabas a las importaciones y reducción de aranceles y algunos impuestos internos. Estas medidas consiguieron compensar el efecto de la apreciación cambiaria en este segmento.
Eso no significa que Argentina ya sea barata. Freidoras de aire, vestidos y zapatillas deportivas, por ejemplo, todavía aparecen entre los productos con precios absolutos más elevados de la comparación.
El verdadero problema: cuánto compra el salario
La comparación internacional tiene otra dimensión: un producto puede ser caro en dólares pero resultar relativamente accesible para un trabajador si su salario también es elevado.
El estudio calculó que el salario industrial formal argentino promedió unos US$1.689 mensuales durante 2025, por encima de Brasil, México y Chile, aunque lejos de los principales países desarrollados incluidos en la muestra.
En el caso de un automóvil, el informe estima que un trabajador argentino necesita alrededor de 20 salarios mensuales, contra 16 en Chile y apenas seis en Estados Unidos.
Una economía con dos movimientos
El escenario deja una señal relevante para los próximos meses. La apertura comercial está ayudando a reducir el precio relativo de los bienes que pueden importarse o competir directamente con productos extranjeros.
En cambio, alimentos y especialmente servicios dependen mucho más de costos internos —salarios, alquileres, tarifas, impuestos y otros componentes locales— y reciben con mayor intensidad el efecto de un peso apreciado.
Así, Argentina puede experimentar simultáneamente dos fenómenos que parecen contradictorios: electrodomésticos, autos o indumentaria acercándose a los valores internacionales, mientras comer, salir a un restaurante o contratar determinados servicios vuelve a resultar caro medido en dólares.
Para el bolsillo argentino, por lo tanto, la discusión no termina en determinar si el país está “caro o barato en dólares”. La pregunta central es cuánto pueden comprar los ingresos locales con esos precios.
